Soy todo lo que no soy y viceversa


Buenas noches.

Redactar un biografía de uno mismo podría ser la trivialidad más cliché que podría hacer un mundano. Sin embargo, me he tomado la libertad de redactarla desde un súper-yo. Algo completamente distinto a lo que el neologismo “biografía” pueda definir. Yo no tengo experiencia en fotografía; yo sólo creo en Roberth Mapplethorpe.

Felipe Rotjes nace en Caracas a consecuencia de un peligroso encanto de la ociosidad de un cuarto de hotel. Así mismo, por puro capricho y pretensión, creció y se desarrolló como un críptico y nihilista. Actualmente se encuentra en globalización y le gustan los platillos voladores; es su medio de transporte favorito. Sin embargo, en algunas ocasiones quiere ahogar voces en alcohol.

A veces, sólo a veces, le gusta la gente que se destaca por el uso del kitsch y su frecuente monumentalidad. Está más perdido que un gerundio entre participios y que un macho alfa entre gardenias. Deshuesaría el pubis de Yannis Philippakis si se lo pidieras. Cuando nació había 44 muñecas esperándolo. Error de cálculos tangible; no se pelaron en lo intangible. Cree más en el cutis menopáusico de Meryl Streep que en el pubis jovial de Scarlet Johanson. Cree más en las tijeras que en el lápiz. Cree más en la inconsciencia total de la muerte que el mismo uso total de la razón.

Él no sabe qué es lo qué es, pero sabe que lo necesita. Felipe Rotjes tiene la necesidad insana de saber que mañana todo será lo mismo, al revés y viceversa. Él es todo lo que no es y viceversa. No obstante, está más sólo que ayer y menos que mañana, y sólo quiere los vientos de abril en mayo.

Le gusta más la Julieta Spinozista de Lorca que la Julieta star-crossed lovers de William Shakespeare. Felipe Rotjes no es un optimista bien informado ni nada de esas trivialidades saramagas; él es pesimista y punto. A Felipe le encanta ver a las personas con diferente acción del verbo ver y a veces quiere imitar que goza imitar. Él mismo sigue creando; luego existe.

Mi impúdica confesión


Esta carta, (tú) , será muy larga. He leído con frecuencia que las palabras traicionan al pensamiento, pero me parece que las palabras escritas lo traicionan todavía más. Y, además, no sé como arreglármelas. Escribir es una elección perpetua entre mil expresiones de la que ninguna me satisface y, sobre todo, no me satisface sin las demás. Evidentemente, uso esta herramienta punzo-penetrante para abordarte. Y es mi decisión.

Una carta, incluso la más larga, nos obliga a simplificar lo que no debería simplificarse: nos expresamos siempre con tan poca claridad cuando tratamos de hacerlo de una forma completa! Yo quisiera hacer aquí un esfuerzo, no sólo de sinceridad, sino también de exactitud; estas páginas contendrán muchas tachaduras: ya las contiene.

Este es mi capricho, mi manera de expresar lo que realmente es inexpresable. Mi rollo sobre ti. Mi pretensión de esperar algo que nunca espero. Y por qué siempre espero lo que realmente no me quieres dar? Porque lo que me das es lo que realmente espero.

Lo que yo te pido (lo único que puedo aún pedirte) es que no saltes ninguna de estas líneas que me habrán costado tanto. Si es difícil vivir, es aún mucho menos penoso explicar nuestra vida.

Debería habértelo explicado en voz baja, muy lentamente, en la intimidad de tu habitación, en ese momento sin luz en que se ve tan poco que casi nos atrevemos a confesarlo todo. Pero te conozco, (tú). Eres muy bueno. En un relato como éste hay algo lastimero que te hubiera podido inducir a enternecerte; por haberte compadecido de mí, creerías haberme comprendido. Te conozco. Hubieras querido ahorrarme lo que tiene de humillante una explicación tan larga; me hubieras interrumpido demasiado pronto, me hubieras mandado a callar con tu necedad y, a cada frase, yo hubiera tenido debilidad de esperar a que me interrumpieras. También tienes otra cualidad (un defecto, quizás) de la que hablaré más adelante y de la que no quiero abusar más.

Soy demasiado culpable para contigo y tengo que obligarme a establecer una distancia entre tu compasión y yo.

Pero qué indefenso está el hombre ante los elogios! Esto no lo hago como para pretender levantarte tu estima o querer ser parte de la llanada de impensables de tu plantilla. En cuanto hay alguien que observe nuestra actuación, nos adaptamos queriendo o sin querer, a los ojos que nos miran y ya nada de lo que hacemos es verdad. "Aquello que otorga sentido a nuestra actuación es siempre algo totalmente desconocido para nosotros." Con esto quiero decir que un drama es vital siempre y cuando pueda expresarse mediante una metáfora referida al peso.

Yo soy todo lo que no soy y viceversa. Una vez alguien escribió acerca de mí que todo lo que digo y escribo son especulaciones indemostrables y me llamó un Sócrates casi inverosímil. Pero este argumento no es necesariamente tratado sobre mí. Es tratado sobre ti. Porque invadiste mi vida cual embriaguez dionisíaca y ahora escribo sobre mi pesar. Creo que ese alguien estaba equivocado en sus afirmaciones.

Entre todos los amantes se crean rápidamente unas reglas de juego de las que no son conscientes, pero que son válidas y no pueden infringirse. Entre tú y yo, de ese acuerdo tácito sobre la amistad erótica presuponía que Felipe Rotjes dejaba el amor fuera de su vida. Creo que así no sucedió. Pero ese no era el acuerdo de lo que realmente me hablabas y no escuchaba. Yo sólo escuchaba mi ebriedad llena de amor. Dionisios me hablaba. Convirtió nuestra fiesta, en una fiesta ebria de amor.

Sin embargo, me he hecho reproches para no rendirme a tu compasión y tu compasión me oía con cabeza gacha.

Hubo mucha transición en corto tiempo de conocernos. Llagaste un día a mi lado sin que yo te hubiese invitado. Odio en la circunstancia de cómo te conocí. Odio haber elevado mi peligroso encanto de la ociosidad por haberte conocido de esa manera y odio dejarlo sin haber obtenido nada.

Entre el mundo del sexo virtual y el mundo de la belleza de un mundo traicionado por lo banal, como un río entre dos reinos, se extiende un intenso olor a orina. En la belleza de mi mundo traicionado, sólo lograré encontrarla cuando sus perseguidores la han dejado olvidad por error en algún sitio.

La belleza como error es la última fase de la historia de la belleza. Y en eso vives, en un error impregnado de bellezas. Sin embargo, el deseo de traicionar me invadió de nuevo: de traicionar mi propia traición.

Yo te escribo porque te quiero. Te quiero porque eres el polo opuesto al kitsh. En el reino del kitsh serías un monstruo. No hay ninguna película americana o europea en la que pudieras existir más que como ejemplo de maldad. Y de eso, necesariamente, va mi querer contra ti.

Sé que no soy lo que esperas por condiciones de edades, por cuestiones de circunstancias, por condiciones de razones. Quizás también por condiciones sexuales. Y lo siento, pero allí tu compasión te invadió y no me dices las verdades frecuentes en la cara.

Yo me muero en saber que sientes por mí. Pero me muero también por saber que realmente no sientes por mí. Me asusta la manera con que maniobras tu apegos. Es un estilo confuso. Un estilo apabullante. Yo me acuerdo cuando me dijiste "Te quiero". Aquellas palabras se convirtieron en visiones confusas que me transportaban a un desespero inefable. Sin embargo, delante de esas afirmaciones había una mentira comprensible y detrás una verdad incomprensible.

En duda queda mi vida luego de esas acciones. Porque fui víctima una vez más de la traicionera peligrosidad del sueño.

Es precisamente el débil quien tiene que ser fuerte y saber marcharse cuando el fuerte es demasiado débil para ser capaz de hacerle daño al débil. Yo no me quiero marchar, soy el débil. Yo quiero respuestas. Me avergüenzo en no seguir la progresión de lo que nace. Pero soy demasiado impaciente por encontrar respuesta y te pongo pruebas y tomo decisiones aleatorias. Hago lo que me recomiendan y llego a las decisiones menos pensadas. Esta decisión la tomé esta semana y tenía que dejar de interesarme por ti por tan sólo días. Hasta que llegase el momento exacto de decirte, de escupirte todo lo que siento. Y que, de una u otra forma, me ayudes a reprimir o sondear esto.

(Tú), ni siquiera el propio dolor es tan pesado como el dolor sentido con alguien, por alguien, para alguien, multiplicado por la imaginación, prolongado en mil ecos. No obstante, esas alegorías tan llenas de metáforas indecentes, tan llenas de ti, me cegaron de la verdadera razón de tus propósitos.

Cuando leo y re-leo esta carta, me doy cuenta de que es una total pérdida de tiempo. Independientemente de lo que vayas a pensar o no pensar.

Yo estoy viviendo un karma. Un karma mío, de mis errores anteriores, pero soy demasiado vulnerable como para entenderlo. También soy vulnerable en saber que estás aquí y que no te tengo como quisiera y que tu compasión, una vez más, determina mi posición.

Yo no soy nadie para determinar tu vida. La llevas como tú la quieras. Lo que no agrda es la manera en la reprimes lo que sientes por ser tan desvergonzado. (No entiendo por qué te reprocho esto. No le pares. Sigue adelante con el texto)

Discúlpame por hacerte leer estas trivialidades. Quizás pensarás: "la loca intensa que se enrolla por algo inalcanzable." No me arrepiento de lo que te escribo. Orbité en millones decisiones como para llegar a la más idónea y esta fue la que tomé.

Lo que siento que me haces yo me lo estoy haciendo. Lo que siento que te hago no es cierto. en efecto: nuestro amor sólo acababa bien en mis relatos. Tal vez por eso ahora me encuentro incapaz de escribir nada decente.

Por qué siempre tratamos de borrar nuestras propias huellas? (no me lo respondas)

Yo sólo quiero, (tú), que luego de este esfuerzo de escribirte lo que realmente no quería escribir es que, a veces, como ente vulnerable, necesito que me escribas tus verdades. Escríbeme hasta llegar a la deshonra, por favor.

Sin embargo, (tú), aún siento que aquí estamos, tú, yo y esta botella de vino. Y yo con la extraña sensación de que estoy sobrando tú en la ecuación.

Te quiero, gueón.

Transgresión, transmutación, transición y transmisión


Toda mierda impresa o que tenga palabras que deseen comunicar, debe tener (por capricho), un fucking editorial. He aquí el mío. Lo transcribí por capricho.

Muchos dicen que “con mi arte tengo”, pero nadie se ha percatado que de arte no se tiene nada. Los movimientos artísticos actuales están llenos de bellas mentiras banales que cobijan mentes desordenadas, que a su vez termina siendo manipuladas. –Con mucho respeto al colectivo-. Los imposibles son un arte y vivir sin arte es un imposible. Quizás con esta metáfora indecente, se podría afirmar que todo depende de estéticas abordadas por intérpretes que bombardean con imágenes y textos bien puestos que, con analogías difusas y aburridas, te dejan bien claro que lo verdaderamente vanguardista, al sepelio se ha ido. Sin embargo, El Teatro, El Cine y La Fotografía, podrían ser la base de estudio analíticas más idónea para trabajar en esto tiempos que la vanguardia misma yace en vida y muerte. La Fotografía depende del Cine y el Cine se alimenta del Teatro y, a su vez, La Fotografía del Teatro y El Teatro del Cine… y viceversa. Estas disciplinas han inspirado a un mundo entero para una constante creación que se sobrepone ante la existencia misma –“sigo creando, luego existo”- Esto muy bien te lo podría decir Quentin Tarantino en “Unglorious Bastards”, manipulando una interpretación catársica stalisknavskiana en Christoph Waltz, con encuadres fotográficos bien puestos y un guión tan persuasivo y aristotélico que por su nominación al Oscar respondió inquietudes a muchas ansiedades.

Qué tan ligado estamos en Venezuela con estas disciplinas y su hermosa cohesión? La historia y su inverosímil estudio nos lo dirá. Al menos que pagues cantidades exabruptas de dinero en un Teatro convencional, para salir de una sala convencional , junto a gente muy convencional y te convenzan de crear acciones tan convencionales, de una peripecia convencional, que deje tu mente convencional tan alienada de falsas ideas; o ir al Cine del “séptimo arte”, a pulular butacas con unos wayferrer 3D viendo al mismo actor haciendo la misma ambigüedad, con el mismo reparto, y con la misma intransigencia sin sentido, sin forma y sin color; o que la semiología visual de una simple fotografía te haga pensar en constreñir tu mente hasta que evacúes una ignorancia solapada con razonamientos inválidos.

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Desaparecer


Eso de conversar con el silencio es tan de motivos consignativos. Desaparecer.

A veces me he encontrado atrapado por la maleza y rara vez me he escapado de ella. Desaparecer.

He quedado tan atrapado en lo profundo que, por injusticia y premeditaciones, se me hace difícil escapar. Desaparecer.

Lo admito, he sido vil y extrapolado, pero eso no da un motivo consignativo para que me perturben y me hagan Desaparecer.

Estando solo me he sentido tan ignorado y discriminado hasta por la propia soledad. Desaparecer.

La agonía de querer no haber aparecido se hace tan predecible y alusivo a la mortífera ignorancia. Desaparecer.

Qué he decidido? Sin previo aviso y debidamente anunciado y publicitado: Desaparecer.

Qué esfuerzo el de los débiles de querer ser infelices! Desaparecer.

Buscaré una vida. Desaparecer.

A veces, casi siempre, me hubiese gustado haber sido como otra persona, con otro entorno, con otra maleza como enemiga y con otra vida predecible que sea perenne hasta el miedo de Desaparecer.

Pero no es tan fácil tener otra vida. Por más que lo logres y te pongas millones de máscaras, al final de día terminas siendo el doliente de siempre. Desaparecer.

Caminando por el mundo, esquivando palabras acribilladoras de gente mal sana y mal pensante. Desaparecer.

Hay gente que sólo enmarca y bordea perfiles ambiguos sin sentido. Desaparecer.

Esa gente que compra su personalidad en cualquier boutique mercantilista que, tras haber sido alienado por un bombardeo mecánico, actualmente definido, y previamente constituido, imperan en la remota idea de hacer las cosas "bien". Desaparecer.

Envidiar tu estereotipo. Desaparecer.

Estamos tan minado de tanta maleza que es tan difícil apartarla de la perspectiva visual y del trato constante. Desaparecer.

Ojalá nunca el hombre hubiese preferido buscar en la comunicación, entablar un trato directo con otro individuos. Desaparecer.

Quizás hasta la vida no hubiese existido, porque... por esa sublime consecuencia, algunos desaparecen e instan a Desaparecer.

Había una vez, pero ya no hay... Había una vida que ya no hay... Había un final que, como final, lo hay... Desaparecer.


Crónica de un suicidio



"Nací un viernes y todavía no he muerto... creo."

El día que intentó arrancarse la existencia, Felipe Rotjes sintió la presencia más trémula que ha sentido en su vida: libertad.

Todo ocurrió un domingo por la tarde. El ajetreo constantes de la vida marcaba un desesperante preludio sin aforo. El atardecer o desvancer del día se hacía sentir y los animales no emitían los sonidos claves de comunicación al que están acostumbrados. Era el día. Como si se hubiese hecho sólo para tal motivo. Algunas personas no se lo imaginaban, pero reían en ausencia pensando que lo están haciendo bien, pero sin algún reparo irremediable. Sudor de manos y piernas. El calor hostigaba con creces al ruido de un ventilador barato y sin esencia. El sonido era tétrico, hacía un tañido insoportable. Las manos entre la nuca y un leve apretón de cabeza. Desesperación latente. El corazón de acero y el miedo era actuado. La decisón estaba tomada, sólo faltaba la acción. La acción del cuerpo y la sustancia para completar el acto y terminar con el periplo de un peripecia jamás escrita y contada en posteridad. Las piernas tiemblan más que el frío, el ventilador seguía girando. Era algo así como adentrarse en un ciclón y pensar que no eres parte de ese movimiento. La consonancia con el ruido y el movimiento de los dedos de los pies, marcaban un vals montado y dirigido. Un espectáculo digno de observar y denotar.

Todo esto pudiera parecer ridículo, pero la producción del espectáculo ya estaba en escena. "El show debe continuar" se alzan las cortinas con aplomo, el viento rebasa hasta los párpados de Felipe y sus ojos mojados de lágrima y dolor dan inicio a la estocada final. Los ojos formarán parte de la ventana del epiciclo. Darán el placer visual a los espectadores del motivo de esta crónica. Los ojos ahora son voces narrativas. Oscuros, álgidos, enmudecidos e insonoros. Los ojos apaciguarán todos los sentidos. El sofá cruje al momento de la inclinación de cintura y los pies pisan la cerámica fría del piso. Las ansias de que el tiempo no sea tiempo, contrastan un deseo repudiable a la verdad. La mentira ya no existe. La mentira ya marchitó las ganas. Sólo queda la verdad amarga. Esa que te conecta directamente con la muerte y es itinerante y se torna ambiguo.

Pero el tiempo ya marca la hora. Felipe se hartó de formar parte del elementalismo y de ser una pieza retráctil del montón. Uno de esos mundanos yadró que son visibles o útil en ciertos ambientes. Él se da cuenta que todas las heridas hieren y la última mata. La que viene a continuación es la referida. La esperada por todos, la que no tiene solución ni respuesta positiva. La que te incentiva a tener esperanzas ciegas y la que es oblicua por naturaleza y te hace vivir con angustias. Ya nada es hilaridad. Sólo existe el miedo, pero es un miedo sin sentido y sin forma y sin objeto; un miedo no creado por nadie, ni por alguna deidad. - Yo no quiero ser entendido. Yo sólo quiero el silencio- Comulga Felipe en silencio. Sí, en silencio. Pero en un silencio fónico, de esos que nadie está preparado para escuchar. Algunas personas no merecen el silencio, pero lo tienen y no lo utilizan.

Felipe ya se encuentra de pie y se dirige al ventanal. Un ventanal oscuro y lleno de colores opacos. el día ya era noche y la noche ya era penumbra. Cuando llega al ventanal, observa millones de luces que observan el espectáculo. Sólo las luces hacen de público, los demás elementos son superfluo. No le interesan el final. Felipe se aferra al paraban del ventanal, la brisa vuelve a rozar su cara y su cabello, se arrastra por su oído como si un ángel antagonista lo instigara a retroceder y no actuar, sin embargo, Felipe, ya era parte del arte. el ángel desaparece. No sabes en ciencia cierta si los ángeles existen, no obstante, en ese momento se hizo presente uno.

Los ojos llenos de lágrimas hacían que la vista fuera desenfocada, las luces se hacen indivisibles, algo así como largas y finas. Eran muchas luces largas y finas que danzaban al ritmo de un parpadeo. Cuando se cerraban desaparecían, cuando abría eran visibles. Como los amigos, que desaparecen y vuelven a aparecer por el interés que ese maneja en el momento.

Ya Felipe se obliga a montarse en el paraban del ventanal y era un poco débil para sostener su cuerpo. Las lágrimas que bajaban por sus mejillas, terminaban su caudal por las rodillas no sin antes pasar por el pubis. Felipe estaba desnudo, el frío entumecía todo su cuerpo y lo hacía chiquito a tan amplia inmensidad. Era el momento. Felipe debe caer y se retrasa en actuar. El miedo lo aborda, pero por qué te aborda? No habías tomado una decisión? No habías sido el ser más valiente y ensimismado para cometer tal aberración humana, monja trémula? ah? Tírate, pues... A VER SI ERES EL SER DEFINIDO QUE DICES SER QUE HA SIDO AZOTADO Y DAÑADO POR DISTINTAS FORMAS.

Y Felipe cae, ve yacer su vida en pocos segundos. Los segundos sólo le daban chance de decir con fervor: "CREARÉ CON FALSEDADES UN SENTIMIENTO MUERTO".

Pero el tiempo hace un rewind y aterriza en su silla con su laptop prendida, mientras redacta con, poca cordura, su "crónica de un suicidio".

Apego inefable ♡


Controversial e inenarrable es la búsqueda imperante de la definición del amor. Sin embargo, este tema tan caprichoso no deja de ser razonado con sumo cuidado y con mera sigilosidad. En este post pretendo (de pretender) reescribir el mal llamado "Banquete"de Platón, mientras me ahondo en conjeturas sobre-expuestas a la interpretación propia y concisa tratando de ubicar su superlatividad detectable.

Para abordar el tema y sus acepciones, debemos conocer sus consecuencias más tangibles: DESAMOR. El desamor es la antítesis directa del amor. Él bordea pretenciosidad a retazos, comulgaciones positivas mal decididas, cansancio intrapersonal y jueguitos perdidos de ego. No obstante, al verificar todas estas consecuencias sin sentidos a las causas, se ha comprobado científicamente que una persona está diseñada para amar por pocos años y que el cansancio de las emociones, experiencias y actitudes dejan de prevalecer en el tiempo de vida de un individuo -todo llega a su fin y algunos fines no llegan- . Entonces, el amor se pierde? El amor está perdido antes de conocerte, eso de "búsqueda del amor"es un excepción menos de tus obligaciones. No hace falta escuchar las líricas poco ortodoxas de Tito el Bambino para calcular y hacerte meditar sobre lo que se juega en cesaciones.


Algo muy inverosímil es el hecho de entregarse a sensaciones físico-químicas que siente tú cuerpo cuando por cuestiones visuales se ha venido atrapando a lo bello y deseable. Eso no debe ser considerado algo relevante, pero todo entra por el ventanal visual propio.

El comienzo de todo amor fluctúa con la presencia, en un tiempo o en un espacio determinado, de una buena imagen de la presa, dándole paso luego a las transformaciones sensoriales del cuerpo que se vienen desarrollando justo cuando el cerebro juega con imágenes a destiempo de un futuro incierto al lado de la presa.


En las relaciones de parejas, siempre, siempre y siempre habrá uno que quiera menos. Eso no lo decreto yo, eso se siente por esencia sin experiencia. Es definitivo el caos de ser la víctima del más querido, porque se crea un engranaje de desasosiegos y desesperanzas propias, hasta que proporcione un mixtura fuerte de la acción subjetiva del desamor. Claro, es importante acotar que la persona menos querida aborda funciones importante a sus experiencia y que contrastará el molde fiel de lo que posteriormente le sucederá al más querido. Es como una venganza emitida antes de ser vengado.

Yo no soy una deidad que te dará consejos de enamoramientos bagatelosos. Sólo bordeo y razono válidamente un tema escueto. (Acotación punzo-penetrante)


Aunque no lo creas, el amor es lascivo. El primer pensamiento latente que tendrás siempre, luego de quedar grabada la imagen del sujeto en cuestión en tú mente, será hiperestésico y lujurioso. Tú mente invadirá imágenes en tus neuronas que crearán escenas elementales de curiosidades sexuales. Esto es de relevancia potente: mal amor, mala cama. (Ilustra el momento) (Ya te lo ilustré)

Después de sucumbir con este banquete podrías preguntarte si de verdad sientes amor?
Te doy un dato: el amor es tan irreal como dios y tan necesario como... (Duda)

Dejo un material audiovisual de amor expresado visceralmente: ese que es ambivalente.



Underneath It All


Cuando los seres humanos contamos las veces que hemos sido bienaventurados en la vida, la cifra se resume en una mínima cantidad menos deseada. Claro, esa cantidad va a adornada a algunas personas omnisciente que estás exentos de esa realidad. La mentira ha sido uno de los tópicos más preocupante de mi vida. Es tan preocupante que se apodera de mi en momentos menos indicado. Quizás con este relato vano y hostil les estuviera mintiendo, pero no lo saben y tengo un 100 % probabilidad a mi favor que seguramente les mancharía las cara con una piadosa mentira. Y eso es lo que preocupa, el engaño sin descuido y pérfido que algunos seres humanos acostumbramos a crear y eso se radica más cuando involucramos lo más controversial e incontrastablemente personal que tenemos como lo es el sexo. Me he tomado la libertad de divagar por la web y me he encontrado con un videito muy apropiado para este post. Claro, si unimos mentira, más sexo, más soledad todo da como motivo este material audiovisual que nos trae la gente de http://www.thedualism.com/

Alegría, normalidad, serenidad, degeneralización, inmoralidad, miedo, soledad, frustración, masturbación, miedo, descontrol, miedo, desconfianza, placer sin placer, miedo y mucho más miedo... hasta que llega el derramamiento de semen que te desorbita de lo camuflado y te hace volver a la inconstancia: El Vacio! Este coito es lo más visceral que he visto en años. Quizás lo que refleja de una óptica menos asidua de lo que se pretende ser falso y por eso empecé con el tópico preocupante, porque te angustia la manera de ver la mentira menos infame que te obliga a caer en tentación sin considerar que no hay daño sino cuando te vienes de un lechazo. Underneath It All = Debajo De Todo.

"All i do, I Can I Still Feel You, Hear You Call, Underneath It All, I Can I Still Feel You"

Rehearsal




10 Minuta


10 minutos por Ahmed Imamovic. 1994. Sarajevo, Bosnia y Roma, Italia. ¿Cuántas cosas pueden suceder en sólo 10 minutos?

Este cortometraje, como indica su título sólo dura diez minutos, pero cuenta una historia mucho más larga que se desenvuelve sólo en nuestra imaginación al ver el final de la película. Mientras que 10 minutos en la vida de alguien no significan nada, en otros pueden ser fatales: un niño y su familia amorosa, la tragedia de una ciudad devastada por la guerra, la muerte y la destrucción. Todo en sólo 10 minutos. La película sigue a dos líneas de la historia simultáneos: una en Roma y una en Sarajevo en 1994, la peor época de la guerra de Bosnia. Aunque la parte de Roma no fue filmada en la locación original, que no quita nada de la calidad de la película que un elemento simbólico de todos modos. La historia es bien compacta y bien escrita, la dirección es dinámica y precisa. No hay nada fuera de lugar del film: bien estructurado, despojado de falsos "pathos", realista, sencilla... y no fue por casualidad que ganó el premio al mejor cortometraje europeo en el 2002. 10 minutos es para mi, sin duda, una de las películas más conmovedoras de gran alcance acerca de Sarajevo durante la guerra. He leído que el director Ahmed Imamovic, en busca de los japoneses en el papel del turista, tuvo que ir a la embajada de Japón en Sarajevo, y pedirle a unos de los funcionarios para que actuara en la película. Afortunadamente para el director, la Embajada permitió que uno de los funcionarios fuera la estrella en la película.