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Desaparecer


Eso de conversar con el silencio es tan de motivos consignativos. Desaparecer.

A veces me he encontrado atrapado por la maleza y rara vez me he escapado de ella. Desaparecer.

He quedado tan atrapado en lo profundo que, por injusticia y premeditaciones, se me hace difícil escapar. Desaparecer.

Lo admito, he sido vil y extrapolado, pero eso no da un motivo consignativo para que me perturben y me hagan Desaparecer.

Estando solo me he sentido tan ignorado y discriminado hasta por la propia soledad. Desaparecer.

La agonía de querer no haber aparecido se hace tan predecible y alusivo a la mortífera ignorancia. Desaparecer.

Qué he decidido? Sin previo aviso y debidamente anunciado y publicitado: Desaparecer.

Qué esfuerzo el de los débiles de querer ser infelices! Desaparecer.

Buscaré una vida. Desaparecer.

A veces, casi siempre, me hubiese gustado haber sido como otra persona, con otro entorno, con otra maleza como enemiga y con otra vida predecible que sea perenne hasta el miedo de Desaparecer.

Pero no es tan fácil tener otra vida. Por más que lo logres y te pongas millones de máscaras, al final de día terminas siendo el doliente de siempre. Desaparecer.

Caminando por el mundo, esquivando palabras acribilladoras de gente mal sana y mal pensante. Desaparecer.

Hay gente que sólo enmarca y bordea perfiles ambiguos sin sentido. Desaparecer.

Esa gente que compra su personalidad en cualquier boutique mercantilista que, tras haber sido alienado por un bombardeo mecánico, actualmente definido, y previamente constituido, imperan en la remota idea de hacer las cosas "bien". Desaparecer.

Envidiar tu estereotipo. Desaparecer.

Estamos tan minado de tanta maleza que es tan difícil apartarla de la perspectiva visual y del trato constante. Desaparecer.

Ojalá nunca el hombre hubiese preferido buscar en la comunicación, entablar un trato directo con otro individuos. Desaparecer.

Quizás hasta la vida no hubiese existido, porque... por esa sublime consecuencia, algunos desaparecen e instan a Desaparecer.

Había una vez, pero ya no hay... Había una vida que ya no hay... Había un final que, como final, lo hay... Desaparecer.


Crónica de un suicidio



"Nací un viernes y todavía no he muerto... creo."

El día que intentó arrancarse la existencia, Felipe Rotjes sintió la presencia más trémula que ha sentido en su vida: libertad.

Todo ocurrió un domingo por la tarde. El ajetreo constantes de la vida marcaba un desesperante preludio sin aforo. El atardecer o desvancer del día se hacía sentir y los animales no emitían los sonidos claves de comunicación al que están acostumbrados. Era el día. Como si se hubiese hecho sólo para tal motivo. Algunas personas no se lo imaginaban, pero reían en ausencia pensando que lo están haciendo bien, pero sin algún reparo irremediable. Sudor de manos y piernas. El calor hostigaba con creces al ruido de un ventilador barato y sin esencia. El sonido era tétrico, hacía un tañido insoportable. Las manos entre la nuca y un leve apretón de cabeza. Desesperación latente. El corazón de acero y el miedo era actuado. La decisón estaba tomada, sólo faltaba la acción. La acción del cuerpo y la sustancia para completar el acto y terminar con el periplo de un peripecia jamás escrita y contada en posteridad. Las piernas tiemblan más que el frío, el ventilador seguía girando. Era algo así como adentrarse en un ciclón y pensar que no eres parte de ese movimiento. La consonancia con el ruido y el movimiento de los dedos de los pies, marcaban un vals montado y dirigido. Un espectáculo digno de observar y denotar.

Todo esto pudiera parecer ridículo, pero la producción del espectáculo ya estaba en escena. "El show debe continuar" se alzan las cortinas con aplomo, el viento rebasa hasta los párpados de Felipe y sus ojos mojados de lágrima y dolor dan inicio a la estocada final. Los ojos formarán parte de la ventana del epiciclo. Darán el placer visual a los espectadores del motivo de esta crónica. Los ojos ahora son voces narrativas. Oscuros, álgidos, enmudecidos e insonoros. Los ojos apaciguarán todos los sentidos. El sofá cruje al momento de la inclinación de cintura y los pies pisan la cerámica fría del piso. Las ansias de que el tiempo no sea tiempo, contrastan un deseo repudiable a la verdad. La mentira ya no existe. La mentira ya marchitó las ganas. Sólo queda la verdad amarga. Esa que te conecta directamente con la muerte y es itinerante y se torna ambiguo.

Pero el tiempo ya marca la hora. Felipe se hartó de formar parte del elementalismo y de ser una pieza retráctil del montón. Uno de esos mundanos yadró que son visibles o útil en ciertos ambientes. Él se da cuenta que todas las heridas hieren y la última mata. La que viene a continuación es la referida. La esperada por todos, la que no tiene solución ni respuesta positiva. La que te incentiva a tener esperanzas ciegas y la que es oblicua por naturaleza y te hace vivir con angustias. Ya nada es hilaridad. Sólo existe el miedo, pero es un miedo sin sentido y sin forma y sin objeto; un miedo no creado por nadie, ni por alguna deidad. - Yo no quiero ser entendido. Yo sólo quiero el silencio- Comulga Felipe en silencio. Sí, en silencio. Pero en un silencio fónico, de esos que nadie está preparado para escuchar. Algunas personas no merecen el silencio, pero lo tienen y no lo utilizan.

Felipe ya se encuentra de pie y se dirige al ventanal. Un ventanal oscuro y lleno de colores opacos. el día ya era noche y la noche ya era penumbra. Cuando llega al ventanal, observa millones de luces que observan el espectáculo. Sólo las luces hacen de público, los demás elementos son superfluo. No le interesan el final. Felipe se aferra al paraban del ventanal, la brisa vuelve a rozar su cara y su cabello, se arrastra por su oído como si un ángel antagonista lo instigara a retroceder y no actuar, sin embargo, Felipe, ya era parte del arte. el ángel desaparece. No sabes en ciencia cierta si los ángeles existen, no obstante, en ese momento se hizo presente uno.

Los ojos llenos de lágrimas hacían que la vista fuera desenfocada, las luces se hacen indivisibles, algo así como largas y finas. Eran muchas luces largas y finas que danzaban al ritmo de un parpadeo. Cuando se cerraban desaparecían, cuando abría eran visibles. Como los amigos, que desaparecen y vuelven a aparecer por el interés que ese maneja en el momento.

Ya Felipe se obliga a montarse en el paraban del ventanal y era un poco débil para sostener su cuerpo. Las lágrimas que bajaban por sus mejillas, terminaban su caudal por las rodillas no sin antes pasar por el pubis. Felipe estaba desnudo, el frío entumecía todo su cuerpo y lo hacía chiquito a tan amplia inmensidad. Era el momento. Felipe debe caer y se retrasa en actuar. El miedo lo aborda, pero por qué te aborda? No habías tomado una decisión? No habías sido el ser más valiente y ensimismado para cometer tal aberración humana, monja trémula? ah? Tírate, pues... A VER SI ERES EL SER DEFINIDO QUE DICES SER QUE HA SIDO AZOTADO Y DAÑADO POR DISTINTAS FORMAS.

Y Felipe cae, ve yacer su vida en pocos segundos. Los segundos sólo le daban chance de decir con fervor: "CREARÉ CON FALSEDADES UN SENTIMIENTO MUERTO".

Pero el tiempo hace un rewind y aterriza en su silla con su laptop prendida, mientras redacta con, poca cordura, su "crónica de un suicidio".

Apego inefable ♡


Controversial e inenarrable es la búsqueda imperante de la definición del amor. Sin embargo, este tema tan caprichoso no deja de ser razonado con sumo cuidado y con mera sigilosidad. En este post pretendo (de pretender) reescribir el mal llamado "Banquete"de Platón, mientras me ahondo en conjeturas sobre-expuestas a la interpretación propia y concisa tratando de ubicar su superlatividad detectable.

Para abordar el tema y sus acepciones, debemos conocer sus consecuencias más tangibles: DESAMOR. El desamor es la antítesis directa del amor. Él bordea pretenciosidad a retazos, comulgaciones positivas mal decididas, cansancio intrapersonal y jueguitos perdidos de ego. No obstante, al verificar todas estas consecuencias sin sentidos a las causas, se ha comprobado científicamente que una persona está diseñada para amar por pocos años y que el cansancio de las emociones, experiencias y actitudes dejan de prevalecer en el tiempo de vida de un individuo -todo llega a su fin y algunos fines no llegan- . Entonces, el amor se pierde? El amor está perdido antes de conocerte, eso de "búsqueda del amor"es un excepción menos de tus obligaciones. No hace falta escuchar las líricas poco ortodoxas de Tito el Bambino para calcular y hacerte meditar sobre lo que se juega en cesaciones.


Algo muy inverosímil es el hecho de entregarse a sensaciones físico-químicas que siente tú cuerpo cuando por cuestiones visuales se ha venido atrapando a lo bello y deseable. Eso no debe ser considerado algo relevante, pero todo entra por el ventanal visual propio.

El comienzo de todo amor fluctúa con la presencia, en un tiempo o en un espacio determinado, de una buena imagen de la presa, dándole paso luego a las transformaciones sensoriales del cuerpo que se vienen desarrollando justo cuando el cerebro juega con imágenes a destiempo de un futuro incierto al lado de la presa.


En las relaciones de parejas, siempre, siempre y siempre habrá uno que quiera menos. Eso no lo decreto yo, eso se siente por esencia sin experiencia. Es definitivo el caos de ser la víctima del más querido, porque se crea un engranaje de desasosiegos y desesperanzas propias, hasta que proporcione un mixtura fuerte de la acción subjetiva del desamor. Claro, es importante acotar que la persona menos querida aborda funciones importante a sus experiencia y que contrastará el molde fiel de lo que posteriormente le sucederá al más querido. Es como una venganza emitida antes de ser vengado.

Yo no soy una deidad que te dará consejos de enamoramientos bagatelosos. Sólo bordeo y razono válidamente un tema escueto. (Acotación punzo-penetrante)


Aunque no lo creas, el amor es lascivo. El primer pensamiento latente que tendrás siempre, luego de quedar grabada la imagen del sujeto en cuestión en tú mente, será hiperestésico y lujurioso. Tú mente invadirá imágenes en tus neuronas que crearán escenas elementales de curiosidades sexuales. Esto es de relevancia potente: mal amor, mala cama. (Ilustra el momento) (Ya te lo ilustré)

Después de sucumbir con este banquete podrías preguntarte si de verdad sientes amor?
Te doy un dato: el amor es tan irreal como dios y tan necesario como... (Duda)

Dejo un material audiovisual de amor expresado visceralmente: ese que es ambivalente.