Ours Kiss!


A veces suena paradójico la cantidad de veces que una persona enumera la importe de besos o “tuzas “que se ha dado con cualquier mundano. Sin embargo, son contados los momentos que esos besos que se dan, esos mundanos, han llegado a ser una apacible sensación de sabor, color y alucinación. Lo que voy a contar a continuación es la fase de un beso que se dieron dos teenagers convencionales que jugaban a quererse y terminaron sucumbidos en un túnel sin salida por controversiales roces de lips y contorneos de lenguas.

Gracias a la globalización las personas pueden tener un enlace directo con personas especiales y otras no muy especiales. Pero me referiré en este caso a la primera opción, porque así sucedió y así seguirá sucediendo. Al menos hasta el momento que la gente tenga como ícono cultural a Las Chicas del Can o crean que Osmel Sousa salvó a Venezuela de una desintegración internacional gracias a la “belleza universal”. Pero esto es harina de otro costal. Sí: “harina de otro costal”, sonará cliché, pero me ladilla esforzarme para buscar el adjetivo calificativo junto a un sinónimo vanguardista y un verbo transitivo, para formar una oración que destruya tan dantesca presencia. (Me encanta desviarme de los temas cuando escribo)

Primera fase:
Cuando los teenagers, hombres en este caso, se conocen, entablan la relación más elitista y pintoresca que se haya visto en días. Convierten sus fantasías en mentiras tan creíbles como lo es la acción de decir las cosas como son. Son pocas los momentos e instantes que ellos halagan una acción del otro, porque se sesgan a su propio ego como perrarina alimentando cerebro. Toda la parafernalia termina por encontrarse en un punto en específico y verse los rostros. - Las cámaras engañan - . Llega la hora del encuentro deseado. Se dan el primer vistazo, se observan hasta el más crepuscular de los detalles, ostentan sensaciones de mal estado, pero es lo que menos preocupa en este momento. La alegría que se había tenido en la pequeña venta de MSN o Skype, en su defecto, ha adoptado la sensación de comodidad y ponen pauta en el asunto que ya se había tenido algo como incertidumbre en la última conversación por la web: el primer beso de la cita. Al menos connotativamente uno de los dos sabía lo que sucedería con tan apetitoso banquete. Repito: Beso!

Me parece muy elemental explicar a cabalidad los detalles más engorrosos de la cita. Me ubicaré mejor en el contacto labio con labio. Las otras cosas: palabras de “te quiero” y sonrisas de conmoción, pueden pasar a ser parte de la mentira que se han venido preparando.

El primer contacto fue cómico. Parecían geek tratando besarse con desenfrenada rapidez. Un beso de pico vino a resaltar en tan fragante relación. El beso duro microsegundos. Se vieron a los ojos y unieron pestanas con pestanas. Cerraron los ojos otra vez y se dieron otro pico. El labio de unos de los participantes hizo el intento de moverse, pero por nervios nunca sucedió. La contra – parte se procuró, eventualmente, cuando de ese error se intento enmendar, tratando de repetir la acción. - Eso fue un nuevo intento fallido - . Lo más impresionante de esta primera fase, fue los principales movimientos telúricos introspectivo que tuvieron los dos individuos y un track de Jamiroquai que sonaba de fondo que hizo gala de sus beat para incitarlos a tal hermoso acto.

Segunda fase:

Luego de la primera fase ya se tenían más confianzas y tocaban sus cuellos con los labios y las puntas de sus narices olían el Swiss Army que llevan como esencia. Pero el escenario ya se hacía visible para la gente que lo observabas como si alguien estuviera desnudándose en el Bulevar de Sabana Grande y creyéndose “Baby, Baby…” o como si Paloma San Basilio ofreciera un concierto en @v0yage – Algunas personas creen que dos identidades del mismo bando no puedan cohesionarse como identidades de diferentes bandos – Es tan impresionante esa reacción que hasta los propios “idénticos” se jactan de burlarse de esa co-reacción convencional. Bien convencional. (Felipe, no te desvíes y maldice luego)

La mano de uno de los teenagers ya toca el dorso inferíor de su participante. Ellos ya ni le paran a la mundanidad. También se jactan de caer en tentaciones y dejan todo pasar a la ligera. Ya el escenario no era unas escaleras por los Palos Grandes, sino el asiento trasero de un taxi que se dirigía a La Florida por La Cotamil. La primera extensión de mano la hizo uno de ellos. Rodeó su brazo por el cuello del otro mientras que cerraba los ojos más rápido que el otro. Ya en esta fase participa la lengua. No se tocan. Sólo está la conexión con el brazo y el codo que interfiere con el acercamiento.
Sus falos en plena levantamiento eréctil y el conductor que veía por el retrovisor era lo que menos importaba en ese momento. El movimiento de lengua y labios era lento. Llevaban un ritmo: Gun’s Roses de fondo. Uno de ellos imaginaba en el futuro, otro imaginaba que sus movimientos telúricos se incrementaban más y más. Ya no eran huéspedes indeseados para el taxista. Él le subía el volumen a la pista de Gun’s Roses para no escuchar los chasquidos y ellos se separan con una sonrisa en la cara cada uno. Se preguntan mutuamente, al unísono: “te gustó?” Vuelven a reír, pues la preguntaba ya estaba contestada y se olvidó lo del cuestionamiento mutuo sin ninguna pretensión de preparamiento. (Ya basta de leerse las mentes)

Tercera fase:
Las posiciones han cambiado, ya el taxi irrumpe a la cercanía de uno de los hogares de los personajes y adoptaron posición de abrazo y roce. Roce entre falos, roce entre cuellos, roce entre pecho y espalda y roce entre dedos. Y, ellos, los dedos, fueron los que prendieron otra vez el fogón y esta vez fue la decisiva. Ya las manos agarraban sus rostros y sentían el vello facial de cada uno, mientras que como una flemática presencia, los alientos de los dos se fueron oliendo y se sentía el calor de sus labios. Salivaban cual perro. Ellos mismos se dieron cuenta que extrañaban esos labios que por mínimo 5 min. dejaron de besarse por circunstancias dadas.

El movimiento de los labios y la fricción era más intensa. Ahora era el combate del quien dominaba más. Un ratico uno, un ratico otro, pero lo hacían con frecuencia. Se separan y observaron que los labios estaban rojos de intensidad y decidieron proseguir con farsa, periplo o tragedia. Cualquier vaina. Pero para ellos era el momento menos mitómano de todos en sus vidas. Ahora se quieren y se espera que se amen. Al menos hasta que la lejanía lo permita.

Fuck, ahora por eso me dieron ganas de besarte.

Bésame, soy Felipe.









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