10 Minuta


10 minutos por Ahmed Imamovic. 1994. Sarajevo, Bosnia y Roma, Italia. ¿Cuántas cosas pueden suceder en sólo 10 minutos?

Este cortometraje, como indica su título sólo dura diez minutos, pero cuenta una historia mucho más larga que se desenvuelve sólo en nuestra imaginación al ver el final de la película. Mientras que 10 minutos en la vida de alguien no significan nada, en otros pueden ser fatales: un niño y su familia amorosa, la tragedia de una ciudad devastada por la guerra, la muerte y la destrucción. Todo en sólo 10 minutos. La película sigue a dos líneas de la historia simultáneos: una en Roma y una en Sarajevo en 1994, la peor época de la guerra de Bosnia. Aunque la parte de Roma no fue filmada en la locación original, que no quita nada de la calidad de la película que un elemento simbólico de todos modos. La historia es bien compacta y bien escrita, la dirección es dinámica y precisa. No hay nada fuera de lugar del film: bien estructurado, despojado de falsos "pathos", realista, sencilla... y no fue por casualidad que ganó el premio al mejor cortometraje europeo en el 2002. 10 minutos es para mi, sin duda, una de las películas más conmovedoras de gran alcance acerca de Sarajevo durante la guerra. He leído que el director Ahmed Imamovic, en busca de los japoneses en el papel del turista, tuvo que ir a la embajada de Japón en Sarajevo, y pedirle a unos de los funcionarios para que actuara en la película. Afortunadamente para el director, la Embajada permitió que uno de los funcionarios fuera la estrella en la película.

Colin Firth "a single man"



Mi objetivo principal no es convertir este blog en la imagen gay enviciada con fetichismos homoeróticos, sin embargo, se me escapa de las manos la posibilidad de expresar con, absoluta ligereza, mi satisfacción cuando observo a unos de mis actores favoritos jactarse con la idea de interpretar un papel tan complejo: la responsabilidad de involucrarse y personificar a un ser "raro", pero no menos extraño como lo es un gay. Papel que lo llevó a ser nominado como mejor actor en los Academy Awards y que fue arrebatado por Jeff Bridges con su intimidador estereotipo. Creo que Colin Firth, al no ser gay, logró captar la atención de algunos fóbicos sin base que aplaudieron con fervor tan magnifica actuación.

A single man es una novela del escritor inglés nacionalizado estadounidense Christopher Isherwood (1904 - 1986), publicada en 1964 en Estados Unidos y se considera su obra maestra. (Wikipedia) Los derechos de autor fueron adquirido por Tom Ford, actualmente conocido como modisto de la marca Gucci, y que tuvo la idea de dirigirla y coproducirla para adaptarla al la gran pantalla. No debemos pasar por alto el reparto de vanguardia que se unió a tan brillante proyecto: Julianne Moore, Ginnifer Goodwin, Nicholas Hoult, y el modelo español Jon Kortajarena.

Trailer oficial.


"A thing of heart-Stopping beauty". The Times.


Colin First (mmmm...) y Jon Kortajarena:


"I´m Felipe", refuto con ligereza. "I´m Colin, nice too meet you", me apuñala sin compasión:


No entiendo por qué se me hace tan difícil ser parte de la historia. Esta es la mejor escena. Se ve el declive y la frustración directa de algo sin reparo.






Christoph Waltz es un amor...



"LA MUERTE FISICA ES INEVITABLE,PERO SE SOBREVIVE EN LA MEMORIA DE LOS AMIGOS" y de los amores platónicos.


Yo no sé si morir o bajarme la cremallera.


Creo que morir no es la mejor opción.


Muchas veces he quedado sorprendido cuando veo el Oscar y gana el actor, el director, el corto o la película que me gusta y me mueve los esfínteres... pero en esta entrega la cosa se volvió excitante y conmovedora. Christoph Waltz se introdujo en mi vida con su leve matización y la fantástica creación de su personaje. Hizo enamorarme de su intención y enajenamiento, quedando cualquier cosa en la más mínima vehemencia sin sentido. Él ha pasado a ser símbolo de admiración actoral y lo felicito con ímpetu. Ando tan tocado por su inverosímil arte, que anoté su fecha de cumpleaños en mi cel. Espero verte en Freud. Ahí si moriré en la butaca. #CreoQueEstoyEnamorado

Esto no es Dandismo, esto es Dantismo


Hay muchas cosas en la vida a la que tengo que arrepentirme por no vislumbrarlas, por no olfatearlas, por no tocarlas, pero ésta es la más, sencillamente, maquiavélica que he visto, palpado y olfateado... Y cuando digo "maquiavélica" no me refiero a lo horroroso en su máximo aposento. ¡Oh, my lord! ¡Qué dantesco! ¡Demasiado Post Punk! Demasiado ¡Surrealismo Mágico! ¡Esto es Patafísica! Esto es Dada...! Me aglutina los esfínteres!

Ours Kiss!


A veces suena paradójico la cantidad de veces que una persona enumera la importe de besos o “tuzas “que se ha dado con cualquier mundano. Sin embargo, son contados los momentos que esos besos que se dan, esos mundanos, han llegado a ser una apacible sensación de sabor, color y alucinación. Lo que voy a contar a continuación es la fase de un beso que se dieron dos teenagers convencionales que jugaban a quererse y terminaron sucumbidos en un túnel sin salida por controversiales roces de lips y contorneos de lenguas.

Gracias a la globalización las personas pueden tener un enlace directo con personas especiales y otras no muy especiales. Pero me referiré en este caso a la primera opción, porque así sucedió y así seguirá sucediendo. Al menos hasta el momento que la gente tenga como ícono cultural a Las Chicas del Can o crean que Osmel Sousa salvó a Venezuela de una desintegración internacional gracias a la “belleza universal”. Pero esto es harina de otro costal. Sí: “harina de otro costal”, sonará cliché, pero me ladilla esforzarme para buscar el adjetivo calificativo junto a un sinónimo vanguardista y un verbo transitivo, para formar una oración que destruya tan dantesca presencia. (Me encanta desviarme de los temas cuando escribo)

Primera fase:
Cuando los teenagers, hombres en este caso, se conocen, entablan la relación más elitista y pintoresca que se haya visto en días. Convierten sus fantasías en mentiras tan creíbles como lo es la acción de decir las cosas como son. Son pocas los momentos e instantes que ellos halagan una acción del otro, porque se sesgan a su propio ego como perrarina alimentando cerebro. Toda la parafernalia termina por encontrarse en un punto en específico y verse los rostros. - Las cámaras engañan - . Llega la hora del encuentro deseado. Se dan el primer vistazo, se observan hasta el más crepuscular de los detalles, ostentan sensaciones de mal estado, pero es lo que menos preocupa en este momento. La alegría que se había tenido en la pequeña venta de MSN o Skype, en su defecto, ha adoptado la sensación de comodidad y ponen pauta en el asunto que ya se había tenido algo como incertidumbre en la última conversación por la web: el primer beso de la cita. Al menos connotativamente uno de los dos sabía lo que sucedería con tan apetitoso banquete. Repito: Beso!

Me parece muy elemental explicar a cabalidad los detalles más engorrosos de la cita. Me ubicaré mejor en el contacto labio con labio. Las otras cosas: palabras de “te quiero” y sonrisas de conmoción, pueden pasar a ser parte de la mentira que se han venido preparando.

El primer contacto fue cómico. Parecían geek tratando besarse con desenfrenada rapidez. Un beso de pico vino a resaltar en tan fragante relación. El beso duro microsegundos. Se vieron a los ojos y unieron pestanas con pestanas. Cerraron los ojos otra vez y se dieron otro pico. El labio de unos de los participantes hizo el intento de moverse, pero por nervios nunca sucedió. La contra – parte se procuró, eventualmente, cuando de ese error se intento enmendar, tratando de repetir la acción. - Eso fue un nuevo intento fallido - . Lo más impresionante de esta primera fase, fue los principales movimientos telúricos introspectivo que tuvieron los dos individuos y un track de Jamiroquai que sonaba de fondo que hizo gala de sus beat para incitarlos a tal hermoso acto.

Segunda fase:

Luego de la primera fase ya se tenían más confianzas y tocaban sus cuellos con los labios y las puntas de sus narices olían el Swiss Army que llevan como esencia. Pero el escenario ya se hacía visible para la gente que lo observabas como si alguien estuviera desnudándose en el Bulevar de Sabana Grande y creyéndose “Baby, Baby…” o como si Paloma San Basilio ofreciera un concierto en @v0yage – Algunas personas creen que dos identidades del mismo bando no puedan cohesionarse como identidades de diferentes bandos – Es tan impresionante esa reacción que hasta los propios “idénticos” se jactan de burlarse de esa co-reacción convencional. Bien convencional. (Felipe, no te desvíes y maldice luego)

La mano de uno de los teenagers ya toca el dorso inferíor de su participante. Ellos ya ni le paran a la mundanidad. También se jactan de caer en tentaciones y dejan todo pasar a la ligera. Ya el escenario no era unas escaleras por los Palos Grandes, sino el asiento trasero de un taxi que se dirigía a La Florida por La Cotamil. La primera extensión de mano la hizo uno de ellos. Rodeó su brazo por el cuello del otro mientras que cerraba los ojos más rápido que el otro. Ya en esta fase participa la lengua. No se tocan. Sólo está la conexión con el brazo y el codo que interfiere con el acercamiento.
Sus falos en plena levantamiento eréctil y el conductor que veía por el retrovisor era lo que menos importaba en ese momento. El movimiento de lengua y labios era lento. Llevaban un ritmo: Gun’s Roses de fondo. Uno de ellos imaginaba en el futuro, otro imaginaba que sus movimientos telúricos se incrementaban más y más. Ya no eran huéspedes indeseados para el taxista. Él le subía el volumen a la pista de Gun’s Roses para no escuchar los chasquidos y ellos se separan con una sonrisa en la cara cada uno. Se preguntan mutuamente, al unísono: “te gustó?” Vuelven a reír, pues la preguntaba ya estaba contestada y se olvidó lo del cuestionamiento mutuo sin ninguna pretensión de preparamiento. (Ya basta de leerse las mentes)

Tercera fase:
Las posiciones han cambiado, ya el taxi irrumpe a la cercanía de uno de los hogares de los personajes y adoptaron posición de abrazo y roce. Roce entre falos, roce entre cuellos, roce entre pecho y espalda y roce entre dedos. Y, ellos, los dedos, fueron los que prendieron otra vez el fogón y esta vez fue la decisiva. Ya las manos agarraban sus rostros y sentían el vello facial de cada uno, mientras que como una flemática presencia, los alientos de los dos se fueron oliendo y se sentía el calor de sus labios. Salivaban cual perro. Ellos mismos se dieron cuenta que extrañaban esos labios que por mínimo 5 min. dejaron de besarse por circunstancias dadas.

El movimiento de los labios y la fricción era más intensa. Ahora era el combate del quien dominaba más. Un ratico uno, un ratico otro, pero lo hacían con frecuencia. Se separan y observaron que los labios estaban rojos de intensidad y decidieron proseguir con farsa, periplo o tragedia. Cualquier vaina. Pero para ellos era el momento menos mitómano de todos en sus vidas. Ahora se quieren y se espera que se amen. Al menos hasta que la lejanía lo permita.

Fuck, ahora por eso me dieron ganas de besarte.

Bésame, soy Felipe.









Corazón de Cenicero


Las relaciones amorosas, aparte de ser tormentosas, suelen ser el andante de la sonata que todos queremos tocar. El 20 de diciembre de 2009, D., quiso intentar su apogeo de amor musical intentando persuadir a su presa con un cautivante regalo de compromiso y aceptación para la reconciliación. Y con la palabra "presa" me refiero directamente a A. que, por simple caprichoso, obedece a la simplicidad vulnerable de un antagonista sin progresión alguna.

Todo comienza con un invitación clandestina en el despacho de un camerino con olor a orine - detestable olor -. Él, D., intenta atravesar su mente con un tono de voz apacible, haciendose vil y cabizbajo su intento fallido de hablar con repercusión a sus ideales. Yo escuchaba desde lejos ese espectáculo digno de desesperación, pero ya este concierto orquestal con instrumentos sonando a granel tenía que comenzar. La invitación fue aceptada. La concentración de dos fantasmas sin rumbo se iba a dar cita en un hotelito de la capital que tiende a ser transitado por muchos mundanos en busca de la líbido convencional. D. se armaba, - no de valor... - de herramientas de la calle. Planifica su "macumba", preparándose para la guerra amorosa que tendría que darse a como diera lugar. Ya el invitado había aceptado la reunión. D. hace lo imposible para buscar la manera de alejarse de mi; quiere estar sólo por esta noche y me despacha temprano para pensar con ligereza y deshacerse de lo que más le molesta por intimidad personal. (En este momento salgo del espectáculo que se dará lugar en El Madrid y no necesariamente en la capital española)

Con felicidad en las venas, D., da pasos rápidos por las calles de Chacaito y aborda a El Madrid como cualquier persona podría abordar un ideal incoherente. No le interesa problemas sociales y mucho menos culturales. Él se jacta de la idea de estar haciendo todo bien buscando la utopía más acérrima para apegarse a la circunstancia dada ejecuta en ese momento: "quiero estar contigo, sólo contigo".

Habitación número 18, piso 4. Así dice el manojo de llaves que lleva en su mano. El pasillo del hotel es angosto y largo. El olor a látex entre las habitaciones es imposible dejar de captarlo. A él no le interesa tan jocosa trivialidad, sólo escucha a su cerebro y abre la puerta de su habitación tan rápido como deja las rosas en la cama y prende las velas. - ¡Qué difícil es no ser injusto por unos mismo! - Eso lo que debería estar pensado D., lo que todos deben pensar al momento de hacer lo en este momento que, eventualmente, se trae a turbaciones. Así lo cree D. y se hace la idea que su amado A. lo cree también así. Ellos han estado inclinado con frecuencia sobre aquel pasado un poco pueril y tan triste que disfrutan recordando sus pensamientos y sensaciones más íntimas que a sus propios sueños.

El tiempo se hace chiquito y ya la habitación está preparada. Habían quedado en que A. llegaría más tarde y se encontraría con la tramoya. Para él eso es predecible. Contrasta la manera de no imaginarse que se encontrará allá y piensa en cualquier significado inquietante que pudiera escaparse. Ya D. se encuentra listo y sopla sus dedos pensando en las palabras más significativas, mientras piensa en un discurso persuasivo como ya lo había hecho antes sin ganar el inútil combate. Para él, este momento marcaría la historia de esa sonata de amor a la que quiere someterse. Se acuesta en la cama mientras se hace roce con las almohadas y espera la llegada del huésped deseado.

Sólo han pasado 20 minutos luego de su roce con las almohadas y piensa hasta el más mínimo detalle; entre ellos: el gire de manivela de la puerta mientras aparece la luz del pasillo y las pulsaciones de su corazón en aceleración, apuntándose los nanosegundos en el relog y la entrada imaginaria de A. a la habitación. Ya no se piensa en nanosegundos, sino en largos minutos sin la respuesta de su antagonista y el declive del pensamiento del movimiento de la manivela se va perdiendo poco a poco. Ya las horas se hacen millenium y los segundos décadas. El tiempo pasa tan rápido como su esperanza baja de nivel. Ahora se entra a la etapa de la desesperación. Las uñas se aferran a las sábanas de la cama color marfil y el espejo de al frente representa la venta para el escape. D., viéndose con su propio D., en un espejo sin objeto y sin sentido, es como vislumbrar el más débil esfuerzo de comprometerse en medio de caos y olor a látex.

La no llegada de A. no era predecible. D. se hace la idea de que no se sabe la dirección o que ocurrió un accidente en el transporte urbano. Esos accidentes que nosotros anhelamos que suceda cuando estamos hartos de pararnos tempranos y adentrarnos a la rutina de siempre. Pero es mentira. La no llegada de A. se debe al no consentimiento mutuo de ideas, al no entender que los problemas más viles no se arreglan en la cama de un hotel insignificante e incidental que fluctúa sin condición a la ciertas momentos o maneras de nuestra existencia en que somos, de manera inexplicable, lo que llegaremos a ser más tarde.

A. nunca llegó...

Y D. sigue esperando en El Madrid haciéndose la idea que los recuerdos, jamás pudieran ser recuerdos de amor.

Esto es para ti D. (Ernesto), porque me enseñaste a combatir contra insalubridad con tus experiencias. (Soy un experto sin experiencia) Te adoro.