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Extrapolarse, venirse en abúlico, aguarse el tuétano y escuchar 3 días Cher hasta que te salgan plumas al dorso, te hacen hacer estas cosas. ENJOY!












¡Para Papá..!


22 años de Bagatela y piadosa mentira

Esta epístola, padre mío, será muy larga. He analizado con detenida consistencia el temor que me daba la llegada de este momento: el satírico momento de quitar la máscara, de expresar todo el pensamiento restringido que me tenía desde hace ya un mínimo tiempo y que, por tan asquerosa lástima me ha tocado prorrumpirlo. Lo digo escrito, porque escribir es una elección perpetua entre mil expresiones de la que ninguna me satisface y, sobre todo, no me satisface sin las demás. (…)

Ya habrás notado que no vale la pena recalcarte mi idea de vida que he elegido como ser humano, porque ni llegas a concluir el nivel pragmático a los que todos los seres humanos están sucumbidos en infortunios variantes. Pero no nos preocuparemos por ese agente externo, hablemos del motivo de mi silencio, porque, si no lo has notado, el silencio es agresividad. Ignoro por completo actitudes advertidas a cuesta tuya, porque supongo que te aferras a renegar mi estilo de vida y lo has tratado, reiterativamente, de transformarlo y de que sea de un contexto básico. Con esto insisto que, los traumas que me acontecen, no encontraran una salida a la vida tan trivial a la que quieres someterme. Es una decisión irrefutable. Ya tomada desde ya hace mucho tiempo y que tú ni mi madre pudieron entender. Y es simplemente de ti a que me refiero en este momento. Ya mi madre sufre aferrada a una silla sin capacidad de solución por falta de gestión. Pero no te echo la culpa, porque no presencié ese momento y, para ser más objetivo, ni me interesa lo que haya ocurrido. Fue tú decisión. Quizás andabas equivocado, pero no tenías a Felipe Rotjes cerca para analizar tú peligroso encanto de la ociosidad, porque lo disfrutaste con vehemencia. Entiendo que no entiendes a lo que me refiero, pero esta carta no está escrita para destrucciones solapadas: está escrito para enfrentarme, porque no soy como Juán Carlos que ostentó rabia y se te fue de las manos y sin un reparo responsable, no trataste de controlarlo ni controlarte por trivialidad y razonamientos válidos, sino que indemnizaste un descontrolado enfrentamiento que se convirtió en un inútil combate: hasta de muerte hablaste. Qué horror! Pero el trastornado se lo dices a otro. El que con desencanto ignora tus excusas de buena vida y amedrentaste con verborreas inelocuentes, porque son inelocuentes. Pero eso es lo que menos me preocupa.

Las amenazas ya llegaron a rebosar y subjetivamente tomaste la decisión. Deshacerse de lo que te preocupa y te molesta. Quiero ser la molestia más mitigada de tus preocupaciones. No quiero vivir en un hotel, comer en restaurantes y utilizarlos como servicio, porque no es mi interés. Entonces… como nunca entendieron (hablo en general), apoyo tú moción y este huésped huye. Porque siempre lo hace. Ya había ocurrido anteriormente. Me restringía de no hacerlo por miedo a que el periplo diera su vuelta más peripesca y transcendiera al mayor inconveniente. Pero se escapó de mis manos. La misma historia se repite en esta farsa de vida condicionada. No quiero y no querré nunca ser parte del elenco de actores de tú farsa. Todos viven una mentira acaecida de rastros insospechados. Cada unos representa un personaje, no lo grado, obvio, de una novela sin verdad y sin firmamento. Se estrujan entre palabras no adecuadas para adaptarse a la farsa: porque no escapan de ella. Es más la mitomanía de un mundano natural que la de un mundano irracional. Y no con esto no me considero un mundano irracional en un mundo racional. Los mundanos irracionales comentan entre sí la arbitrariedad que se le puede aplicar a un colectivo, yo comento la convergencia transcendental que se le puede aplicar al colectivo. Pero no consideraré esto de importancia, porque sale de tema, pero es una estocada caprichosa del común de mis sentidos. Pero yo estoy “loco y trastornado” por no comunicarme y me rajan el cuero progresivamente con vagos comentarios: que si la banalidad, que si va por mal camino, que si las drogas, que si la aberración sodomita, que si la irreverencia sin sentido, que si la vestimenta inapropiada, que si no aprende a familiarizarse… - eso, familiarizarse! Que sin sentido esa palabra en mi vida y en mis días… - prosigo: que si el adulterio, que si el pelo, que si la flojera, que si los lentes, que si mi firmamento, que si mi verdad… Qué absurdo. No entienden, no entiendes!

Pero a eso le presto la menor de las importancias, porque no me interesa ni tú objeción, ni la tuya, ni la tuya, ni la tuya, ni la tuya, ni la tuya, ni la tuya… y muchas más “tuyas” para los que deleiten leyendo esta protesta. Pero mucho menos la tuya por ser el hacedor de inspiración para escribir esta epístola maldita, porque desvarío y disgrego en advertencias indeseadas y mientras tanto tú, como ser humano común, andas en la ruin búsqueda del análisis de tú ego. Que bajo. Un combatiente y tener miedo. Y no me refiero al miedo convencional, me refiero al miedo controversial el que nadie dice por miedo al miedo. Incluyéndome.

Con esta carta no pretendo sacar “los trapitos al sol” de tus errores, de sus errores, sólo expreso la decisión menos adecuada, pero que decidí siendo esta adulada. No obstante, el solipsismo de mi patología es lo que más te molesta. Dices que estoy loco, pero tú mismo no te has tomado la manera de preocuparte o, de alguna manera, investigar si la locura es o no la inteligencia más alta. Quizás con lo antes expuesto te hundas en experticias y des una respuesta apropiada a tan banal carta.

Me voy sin ayuda y con preocupación, porque la preocupación es lo que me preocupa… (Tengo derecho a redundar) Me preocupa que me preocupe la preocupación, porque mi mente no razonará si ese elemento comulga en preocupaciones en demasía. Sólo pedía una ayuda. En qué fallé? No, no respondas eso. Quizás en no advertir antes que esto pasaría o porque navego en un mundo distinto. Esa es la respuesta. Un mundo con sueños; sueños dentro de un sueños y yo he sido feliz, aunque en sueños. Ya ni me merezco seguir escribiendo, porque deseo la inconsciencia total. No me interesa que pueda pasar con esta carta. Total. Ni así podrás cambiar los 57 años que vives sin consideración.

Feliz vida.

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