Mi impúdica confesión


Esta carta, (tú) , será muy larga. He leído con frecuencia que las palabras traicionan al pensamiento, pero me parece que las palabras escritas lo traicionan todavía más. Y, además, no sé como arreglármelas. Escribir es una elección perpetua entre mil expresiones de la que ninguna me satisface y, sobre todo, no me satisface sin las demás. Evidentemente, uso esta herramienta punzo-penetrante para abordarte. Y es mi decisión.

Una carta, incluso la más larga, nos obliga a simplificar lo que no debería simplificarse: nos expresamos siempre con tan poca claridad cuando tratamos de hacerlo de una forma completa! Yo quisiera hacer aquí un esfuerzo, no sólo de sinceridad, sino también de exactitud; estas páginas contendrán muchas tachaduras: ya las contiene.

Este es mi capricho, mi manera de expresar lo que realmente es inexpresable. Mi rollo sobre ti. Mi pretensión de esperar algo que nunca espero. Y por qué siempre espero lo que realmente no me quieres dar? Porque lo que me das es lo que realmente espero.

Lo que yo te pido (lo único que puedo aún pedirte) es que no saltes ninguna de estas líneas que me habrán costado tanto. Si es difícil vivir, es aún mucho menos penoso explicar nuestra vida.

Debería habértelo explicado en voz baja, muy lentamente, en la intimidad de tu habitación, en ese momento sin luz en que se ve tan poco que casi nos atrevemos a confesarlo todo. Pero te conozco, (tú). Eres muy bueno. En un relato como éste hay algo lastimero que te hubiera podido inducir a enternecerte; por haberte compadecido de mí, creerías haberme comprendido. Te conozco. Hubieras querido ahorrarme lo que tiene de humillante una explicación tan larga; me hubieras interrumpido demasiado pronto, me hubieras mandado a callar con tu necedad y, a cada frase, yo hubiera tenido debilidad de esperar a que me interrumpieras. También tienes otra cualidad (un defecto, quizás) de la que hablaré más adelante y de la que no quiero abusar más.

Soy demasiado culpable para contigo y tengo que obligarme a establecer una distancia entre tu compasión y yo.

Pero qué indefenso está el hombre ante los elogios! Esto no lo hago como para pretender levantarte tu estima o querer ser parte de la llanada de impensables de tu plantilla. En cuanto hay alguien que observe nuestra actuación, nos adaptamos queriendo o sin querer, a los ojos que nos miran y ya nada de lo que hacemos es verdad. "Aquello que otorga sentido a nuestra actuación es siempre algo totalmente desconocido para nosotros." Con esto quiero decir que un drama es vital siempre y cuando pueda expresarse mediante una metáfora referida al peso.

Yo soy todo lo que no soy y viceversa. Una vez alguien escribió acerca de mí que todo lo que digo y escribo son especulaciones indemostrables y me llamó un Sócrates casi inverosímil. Pero este argumento no es necesariamente tratado sobre mí. Es tratado sobre ti. Porque invadiste mi vida cual embriaguez dionisíaca y ahora escribo sobre mi pesar. Creo que ese alguien estaba equivocado en sus afirmaciones.

Entre todos los amantes se crean rápidamente unas reglas de juego de las que no son conscientes, pero que son válidas y no pueden infringirse. Entre tú y yo, de ese acuerdo tácito sobre la amistad erótica presuponía que Felipe Rotjes dejaba el amor fuera de su vida. Creo que así no sucedió. Pero ese no era el acuerdo de lo que realmente me hablabas y no escuchaba. Yo sólo escuchaba mi ebriedad llena de amor. Dionisios me hablaba. Convirtió nuestra fiesta, en una fiesta ebria de amor.

Sin embargo, me he hecho reproches para no rendirme a tu compasión y tu compasión me oía con cabeza gacha.

Hubo mucha transición en corto tiempo de conocernos. Llagaste un día a mi lado sin que yo te hubiese invitado. Odio en la circunstancia de cómo te conocí. Odio haber elevado mi peligroso encanto de la ociosidad por haberte conocido de esa manera y odio dejarlo sin haber obtenido nada.

Entre el mundo del sexo virtual y el mundo de la belleza de un mundo traicionado por lo banal, como un río entre dos reinos, se extiende un intenso olor a orina. En la belleza de mi mundo traicionado, sólo lograré encontrarla cuando sus perseguidores la han dejado olvidad por error en algún sitio.

La belleza como error es la última fase de la historia de la belleza. Y en eso vives, en un error impregnado de bellezas. Sin embargo, el deseo de traicionar me invadió de nuevo: de traicionar mi propia traición.

Yo te escribo porque te quiero. Te quiero porque eres el polo opuesto al kitsh. En el reino del kitsh serías un monstruo. No hay ninguna película americana o europea en la que pudieras existir más que como ejemplo de maldad. Y de eso, necesariamente, va mi querer contra ti.

Sé que no soy lo que esperas por condiciones de edades, por cuestiones de circunstancias, por condiciones de razones. Quizás también por condiciones sexuales. Y lo siento, pero allí tu compasión te invadió y no me dices las verdades frecuentes en la cara.

Yo me muero en saber que sientes por mí. Pero me muero también por saber que realmente no sientes por mí. Me asusta la manera con que maniobras tu apegos. Es un estilo confuso. Un estilo apabullante. Yo me acuerdo cuando me dijiste "Te quiero". Aquellas palabras se convirtieron en visiones confusas que me transportaban a un desespero inefable. Sin embargo, delante de esas afirmaciones había una mentira comprensible y detrás una verdad incomprensible.

En duda queda mi vida luego de esas acciones. Porque fui víctima una vez más de la traicionera peligrosidad del sueño.

Es precisamente el débil quien tiene que ser fuerte y saber marcharse cuando el fuerte es demasiado débil para ser capaz de hacerle daño al débil. Yo no me quiero marchar, soy el débil. Yo quiero respuestas. Me avergüenzo en no seguir la progresión de lo que nace. Pero soy demasiado impaciente por encontrar respuesta y te pongo pruebas y tomo decisiones aleatorias. Hago lo que me recomiendan y llego a las decisiones menos pensadas. Esta decisión la tomé esta semana y tenía que dejar de interesarme por ti por tan sólo días. Hasta que llegase el momento exacto de decirte, de escupirte todo lo que siento. Y que, de una u otra forma, me ayudes a reprimir o sondear esto.

(Tú), ni siquiera el propio dolor es tan pesado como el dolor sentido con alguien, por alguien, para alguien, multiplicado por la imaginación, prolongado en mil ecos. No obstante, esas alegorías tan llenas de metáforas indecentes, tan llenas de ti, me cegaron de la verdadera razón de tus propósitos.

Cuando leo y re-leo esta carta, me doy cuenta de que es una total pérdida de tiempo. Independientemente de lo que vayas a pensar o no pensar.

Yo estoy viviendo un karma. Un karma mío, de mis errores anteriores, pero soy demasiado vulnerable como para entenderlo. También soy vulnerable en saber que estás aquí y que no te tengo como quisiera y que tu compasión, una vez más, determina mi posición.

Yo no soy nadie para determinar tu vida. La llevas como tú la quieras. Lo que no agrda es la manera en la reprimes lo que sientes por ser tan desvergonzado. (No entiendo por qué te reprocho esto. No le pares. Sigue adelante con el texto)

Discúlpame por hacerte leer estas trivialidades. Quizás pensarás: "la loca intensa que se enrolla por algo inalcanzable." No me arrepiento de lo que te escribo. Orbité en millones decisiones como para llegar a la más idónea y esta fue la que tomé.

Lo que siento que me haces yo me lo estoy haciendo. Lo que siento que te hago no es cierto. en efecto: nuestro amor sólo acababa bien en mis relatos. Tal vez por eso ahora me encuentro incapaz de escribir nada decente.

Por qué siempre tratamos de borrar nuestras propias huellas? (no me lo respondas)

Yo sólo quiero, (tú), que luego de este esfuerzo de escribirte lo que realmente no quería escribir es que, a veces, como ente vulnerable, necesito que me escribas tus verdades. Escríbeme hasta llegar a la deshonra, por favor.

Sin embargo, (tú), aún siento que aquí estamos, tú, yo y esta botella de vino. Y yo con la extraña sensación de que estoy sobrando tú en la ecuación.

Te quiero, gueón.

Transgresión, transmutación, transición y transmisión


Toda mierda impresa o que tenga palabras que deseen comunicar, debe tener (por capricho), un fucking editorial. He aquí el mío. Lo transcribí por capricho.

Muchos dicen que “con mi arte tengo”, pero nadie se ha percatado que de arte no se tiene nada. Los movimientos artísticos actuales están llenos de bellas mentiras banales que cobijan mentes desordenadas, que a su vez termina siendo manipuladas. –Con mucho respeto al colectivo-. Los imposibles son un arte y vivir sin arte es un imposible. Quizás con esta metáfora indecente, se podría afirmar que todo depende de estéticas abordadas por intérpretes que bombardean con imágenes y textos bien puestos que, con analogías difusas y aburridas, te dejan bien claro que lo verdaderamente vanguardista, al sepelio se ha ido. Sin embargo, El Teatro, El Cine y La Fotografía, podrían ser la base de estudio analíticas más idónea para trabajar en esto tiempos que la vanguardia misma yace en vida y muerte. La Fotografía depende del Cine y el Cine se alimenta del Teatro y, a su vez, La Fotografía del Teatro y El Teatro del Cine… y viceversa. Estas disciplinas han inspirado a un mundo entero para una constante creación que se sobrepone ante la existencia misma –“sigo creando, luego existo”- Esto muy bien te lo podría decir Quentin Tarantino en “Unglorious Bastards”, manipulando una interpretación catársica stalisknavskiana en Christoph Waltz, con encuadres fotográficos bien puestos y un guión tan persuasivo y aristotélico que por su nominación al Oscar respondió inquietudes a muchas ansiedades.

Qué tan ligado estamos en Venezuela con estas disciplinas y su hermosa cohesión? La historia y su inverosímil estudio nos lo dirá. Al menos que pagues cantidades exabruptas de dinero en un Teatro convencional, para salir de una sala convencional , junto a gente muy convencional y te convenzan de crear acciones tan convencionales, de una peripecia convencional, que deje tu mente convencional tan alienada de falsas ideas; o ir al Cine del “séptimo arte”, a pulular butacas con unos wayferrer 3D viendo al mismo actor haciendo la misma ambigüedad, con el mismo reparto, y con la misma intransigencia sin sentido, sin forma y sin color; o que la semiología visual de una simple fotografía te haga pensar en constreñir tu mente hasta que evacúes una ignorancia solapada con razonamientos inválidos.

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Desaparecer


Eso de conversar con el silencio es tan de motivos consignativos. Desaparecer.

A veces me he encontrado atrapado por la maleza y rara vez me he escapado de ella. Desaparecer.

He quedado tan atrapado en lo profundo que, por injusticia y premeditaciones, se me hace difícil escapar. Desaparecer.

Lo admito, he sido vil y extrapolado, pero eso no da un motivo consignativo para que me perturben y me hagan Desaparecer.

Estando solo me he sentido tan ignorado y discriminado hasta por la propia soledad. Desaparecer.

La agonía de querer no haber aparecido se hace tan predecible y alusivo a la mortífera ignorancia. Desaparecer.

Qué he decidido? Sin previo aviso y debidamente anunciado y publicitado: Desaparecer.

Qué esfuerzo el de los débiles de querer ser infelices! Desaparecer.

Buscaré una vida. Desaparecer.

A veces, casi siempre, me hubiese gustado haber sido como otra persona, con otro entorno, con otra maleza como enemiga y con otra vida predecible que sea perenne hasta el miedo de Desaparecer.

Pero no es tan fácil tener otra vida. Por más que lo logres y te pongas millones de máscaras, al final de día terminas siendo el doliente de siempre. Desaparecer.

Caminando por el mundo, esquivando palabras acribilladoras de gente mal sana y mal pensante. Desaparecer.

Hay gente que sólo enmarca y bordea perfiles ambiguos sin sentido. Desaparecer.

Esa gente que compra su personalidad en cualquier boutique mercantilista que, tras haber sido alienado por un bombardeo mecánico, actualmente definido, y previamente constituido, imperan en la remota idea de hacer las cosas "bien". Desaparecer.

Envidiar tu estereotipo. Desaparecer.

Estamos tan minado de tanta maleza que es tan difícil apartarla de la perspectiva visual y del trato constante. Desaparecer.

Ojalá nunca el hombre hubiese preferido buscar en la comunicación, entablar un trato directo con otro individuos. Desaparecer.

Quizás hasta la vida no hubiese existido, porque... por esa sublime consecuencia, algunos desaparecen e instan a Desaparecer.

Había una vez, pero ya no hay... Había una vida que ya no hay... Había un final que, como final, lo hay... Desaparecer.


Crónica de un suicidio



"Nací un viernes y todavía no he muerto... creo."

El día que intentó arrancarse la existencia, Felipe Rotjes sintió la presencia más trémula que ha sentido en su vida: libertad.

Todo ocurrió un domingo por la tarde. El ajetreo constantes de la vida marcaba un desesperante preludio sin aforo. El atardecer o desvancer del día se hacía sentir y los animales no emitían los sonidos claves de comunicación al que están acostumbrados. Era el día. Como si se hubiese hecho sólo para tal motivo. Algunas personas no se lo imaginaban, pero reían en ausencia pensando que lo están haciendo bien, pero sin algún reparo irremediable. Sudor de manos y piernas. El calor hostigaba con creces al ruido de un ventilador barato y sin esencia. El sonido era tétrico, hacía un tañido insoportable. Las manos entre la nuca y un leve apretón de cabeza. Desesperación latente. El corazón de acero y el miedo era actuado. La decisón estaba tomada, sólo faltaba la acción. La acción del cuerpo y la sustancia para completar el acto y terminar con el periplo de un peripecia jamás escrita y contada en posteridad. Las piernas tiemblan más que el frío, el ventilador seguía girando. Era algo así como adentrarse en un ciclón y pensar que no eres parte de ese movimiento. La consonancia con el ruido y el movimiento de los dedos de los pies, marcaban un vals montado y dirigido. Un espectáculo digno de observar y denotar.

Todo esto pudiera parecer ridículo, pero la producción del espectáculo ya estaba en escena. "El show debe continuar" se alzan las cortinas con aplomo, el viento rebasa hasta los párpados de Felipe y sus ojos mojados de lágrima y dolor dan inicio a la estocada final. Los ojos formarán parte de la ventana del epiciclo. Darán el placer visual a los espectadores del motivo de esta crónica. Los ojos ahora son voces narrativas. Oscuros, álgidos, enmudecidos e insonoros. Los ojos apaciguarán todos los sentidos. El sofá cruje al momento de la inclinación de cintura y los pies pisan la cerámica fría del piso. Las ansias de que el tiempo no sea tiempo, contrastan un deseo repudiable a la verdad. La mentira ya no existe. La mentira ya marchitó las ganas. Sólo queda la verdad amarga. Esa que te conecta directamente con la muerte y es itinerante y se torna ambiguo.

Pero el tiempo ya marca la hora. Felipe se hartó de formar parte del elementalismo y de ser una pieza retráctil del montón. Uno de esos mundanos yadró que son visibles o útil en ciertos ambientes. Él se da cuenta que todas las heridas hieren y la última mata. La que viene a continuación es la referida. La esperada por todos, la que no tiene solución ni respuesta positiva. La que te incentiva a tener esperanzas ciegas y la que es oblicua por naturaleza y te hace vivir con angustias. Ya nada es hilaridad. Sólo existe el miedo, pero es un miedo sin sentido y sin forma y sin objeto; un miedo no creado por nadie, ni por alguna deidad. - Yo no quiero ser entendido. Yo sólo quiero el silencio- Comulga Felipe en silencio. Sí, en silencio. Pero en un silencio fónico, de esos que nadie está preparado para escuchar. Algunas personas no merecen el silencio, pero lo tienen y no lo utilizan.

Felipe ya se encuentra de pie y se dirige al ventanal. Un ventanal oscuro y lleno de colores opacos. el día ya era noche y la noche ya era penumbra. Cuando llega al ventanal, observa millones de luces que observan el espectáculo. Sólo las luces hacen de público, los demás elementos son superfluo. No le interesan el final. Felipe se aferra al paraban del ventanal, la brisa vuelve a rozar su cara y su cabello, se arrastra por su oído como si un ángel antagonista lo instigara a retroceder y no actuar, sin embargo, Felipe, ya era parte del arte. el ángel desaparece. No sabes en ciencia cierta si los ángeles existen, no obstante, en ese momento se hizo presente uno.

Los ojos llenos de lágrimas hacían que la vista fuera desenfocada, las luces se hacen indivisibles, algo así como largas y finas. Eran muchas luces largas y finas que danzaban al ritmo de un parpadeo. Cuando se cerraban desaparecían, cuando abría eran visibles. Como los amigos, que desaparecen y vuelven a aparecer por el interés que ese maneja en el momento.

Ya Felipe se obliga a montarse en el paraban del ventanal y era un poco débil para sostener su cuerpo. Las lágrimas que bajaban por sus mejillas, terminaban su caudal por las rodillas no sin antes pasar por el pubis. Felipe estaba desnudo, el frío entumecía todo su cuerpo y lo hacía chiquito a tan amplia inmensidad. Era el momento. Felipe debe caer y se retrasa en actuar. El miedo lo aborda, pero por qué te aborda? No habías tomado una decisión? No habías sido el ser más valiente y ensimismado para cometer tal aberración humana, monja trémula? ah? Tírate, pues... A VER SI ERES EL SER DEFINIDO QUE DICES SER QUE HA SIDO AZOTADO Y DAÑADO POR DISTINTAS FORMAS.

Y Felipe cae, ve yacer su vida en pocos segundos. Los segundos sólo le daban chance de decir con fervor: "CREARÉ CON FALSEDADES UN SENTIMIENTO MUERTO".

Pero el tiempo hace un rewind y aterriza en su silla con su laptop prendida, mientras redacta con, poca cordura, su "crónica de un suicidio".

Apego inefable ♡


Controversial e inenarrable es la búsqueda imperante de la definición del amor. Sin embargo, este tema tan caprichoso no deja de ser razonado con sumo cuidado y con mera sigilosidad. En este post pretendo (de pretender) reescribir el mal llamado "Banquete"de Platón, mientras me ahondo en conjeturas sobre-expuestas a la interpretación propia y concisa tratando de ubicar su superlatividad detectable.

Para abordar el tema y sus acepciones, debemos conocer sus consecuencias más tangibles: DESAMOR. El desamor es la antítesis directa del amor. Él bordea pretenciosidad a retazos, comulgaciones positivas mal decididas, cansancio intrapersonal y jueguitos perdidos de ego. No obstante, al verificar todas estas consecuencias sin sentidos a las causas, se ha comprobado científicamente que una persona está diseñada para amar por pocos años y que el cansancio de las emociones, experiencias y actitudes dejan de prevalecer en el tiempo de vida de un individuo -todo llega a su fin y algunos fines no llegan- . Entonces, el amor se pierde? El amor está perdido antes de conocerte, eso de "búsqueda del amor"es un excepción menos de tus obligaciones. No hace falta escuchar las líricas poco ortodoxas de Tito el Bambino para calcular y hacerte meditar sobre lo que se juega en cesaciones.


Algo muy inverosímil es el hecho de entregarse a sensaciones físico-químicas que siente tú cuerpo cuando por cuestiones visuales se ha venido atrapando a lo bello y deseable. Eso no debe ser considerado algo relevante, pero todo entra por el ventanal visual propio.

El comienzo de todo amor fluctúa con la presencia, en un tiempo o en un espacio determinado, de una buena imagen de la presa, dándole paso luego a las transformaciones sensoriales del cuerpo que se vienen desarrollando justo cuando el cerebro juega con imágenes a destiempo de un futuro incierto al lado de la presa.


En las relaciones de parejas, siempre, siempre y siempre habrá uno que quiera menos. Eso no lo decreto yo, eso se siente por esencia sin experiencia. Es definitivo el caos de ser la víctima del más querido, porque se crea un engranaje de desasosiegos y desesperanzas propias, hasta que proporcione un mixtura fuerte de la acción subjetiva del desamor. Claro, es importante acotar que la persona menos querida aborda funciones importante a sus experiencia y que contrastará el molde fiel de lo que posteriormente le sucederá al más querido. Es como una venganza emitida antes de ser vengado.

Yo no soy una deidad que te dará consejos de enamoramientos bagatelosos. Sólo bordeo y razono válidamente un tema escueto. (Acotación punzo-penetrante)


Aunque no lo creas, el amor es lascivo. El primer pensamiento latente que tendrás siempre, luego de quedar grabada la imagen del sujeto en cuestión en tú mente, será hiperestésico y lujurioso. Tú mente invadirá imágenes en tus neuronas que crearán escenas elementales de curiosidades sexuales. Esto es de relevancia potente: mal amor, mala cama. (Ilustra el momento) (Ya te lo ilustré)

Después de sucumbir con este banquete podrías preguntarte si de verdad sientes amor?
Te doy un dato: el amor es tan irreal como dios y tan necesario como... (Duda)

Dejo un material audiovisual de amor expresado visceralmente: ese que es ambivalente.



Underneath It All


Cuando los seres humanos contamos las veces que hemos sido bienaventurados en la vida, la cifra se resume en una mínima cantidad menos deseada. Claro, esa cantidad va a adornada a algunas personas omnisciente que estás exentos de esa realidad. La mentira ha sido uno de los tópicos más preocupante de mi vida. Es tan preocupante que se apodera de mi en momentos menos indicado. Quizás con este relato vano y hostil les estuviera mintiendo, pero no lo saben y tengo un 100 % probabilidad a mi favor que seguramente les mancharía las cara con una piadosa mentira. Y eso es lo que preocupa, el engaño sin descuido y pérfido que algunos seres humanos acostumbramos a crear y eso se radica más cuando involucramos lo más controversial e incontrastablemente personal que tenemos como lo es el sexo. Me he tomado la libertad de divagar por la web y me he encontrado con un videito muy apropiado para este post. Claro, si unimos mentira, más sexo, más soledad todo da como motivo este material audiovisual que nos trae la gente de http://www.thedualism.com/

Alegría, normalidad, serenidad, degeneralización, inmoralidad, miedo, soledad, frustración, masturbación, miedo, descontrol, miedo, desconfianza, placer sin placer, miedo y mucho más miedo... hasta que llega el derramamiento de semen que te desorbita de lo camuflado y te hace volver a la inconstancia: El Vacio! Este coito es lo más visceral que he visto en años. Quizás lo que refleja de una óptica menos asidua de lo que se pretende ser falso y por eso empecé con el tópico preocupante, porque te angustia la manera de ver la mentira menos infame que te obliga a caer en tentación sin considerar que no hay daño sino cuando te vienes de un lechazo. Underneath It All = Debajo De Todo.

"All i do, I Can I Still Feel You, Hear You Call, Underneath It All, I Can I Still Feel You"

Rehearsal




10 Minuta


10 minutos por Ahmed Imamovic. 1994. Sarajevo, Bosnia y Roma, Italia. ¿Cuántas cosas pueden suceder en sólo 10 minutos?

Este cortometraje, como indica su título sólo dura diez minutos, pero cuenta una historia mucho más larga que se desenvuelve sólo en nuestra imaginación al ver el final de la película. Mientras que 10 minutos en la vida de alguien no significan nada, en otros pueden ser fatales: un niño y su familia amorosa, la tragedia de una ciudad devastada por la guerra, la muerte y la destrucción. Todo en sólo 10 minutos. La película sigue a dos líneas de la historia simultáneos: una en Roma y una en Sarajevo en 1994, la peor época de la guerra de Bosnia. Aunque la parte de Roma no fue filmada en la locación original, que no quita nada de la calidad de la película que un elemento simbólico de todos modos. La historia es bien compacta y bien escrita, la dirección es dinámica y precisa. No hay nada fuera de lugar del film: bien estructurado, despojado de falsos "pathos", realista, sencilla... y no fue por casualidad que ganó el premio al mejor cortometraje europeo en el 2002. 10 minutos es para mi, sin duda, una de las películas más conmovedoras de gran alcance acerca de Sarajevo durante la guerra. He leído que el director Ahmed Imamovic, en busca de los japoneses en el papel del turista, tuvo que ir a la embajada de Japón en Sarajevo, y pedirle a unos de los funcionarios para que actuara en la película. Afortunadamente para el director, la Embajada permitió que uno de los funcionarios fuera la estrella en la película.

Colin Firth "a single man"



Mi objetivo principal no es convertir este blog en la imagen gay enviciada con fetichismos homoeróticos, sin embargo, se me escapa de las manos la posibilidad de expresar con, absoluta ligereza, mi satisfacción cuando observo a unos de mis actores favoritos jactarse con la idea de interpretar un papel tan complejo: la responsabilidad de involucrarse y personificar a un ser "raro", pero no menos extraño como lo es un gay. Papel que lo llevó a ser nominado como mejor actor en los Academy Awards y que fue arrebatado por Jeff Bridges con su intimidador estereotipo. Creo que Colin Firth, al no ser gay, logró captar la atención de algunos fóbicos sin base que aplaudieron con fervor tan magnifica actuación.

A single man es una novela del escritor inglés nacionalizado estadounidense Christopher Isherwood (1904 - 1986), publicada en 1964 en Estados Unidos y se considera su obra maestra. (Wikipedia) Los derechos de autor fueron adquirido por Tom Ford, actualmente conocido como modisto de la marca Gucci, y que tuvo la idea de dirigirla y coproducirla para adaptarla al la gran pantalla. No debemos pasar por alto el reparto de vanguardia que se unió a tan brillante proyecto: Julianne Moore, Ginnifer Goodwin, Nicholas Hoult, y el modelo español Jon Kortajarena.

Trailer oficial.


"A thing of heart-Stopping beauty". The Times.


Colin First (mmmm...) y Jon Kortajarena:


"I´m Felipe", refuto con ligereza. "I´m Colin, nice too meet you", me apuñala sin compasión:


No entiendo por qué se me hace tan difícil ser parte de la historia. Esta es la mejor escena. Se ve el declive y la frustración directa de algo sin reparo.






Christoph Waltz es un amor...



"LA MUERTE FISICA ES INEVITABLE,PERO SE SOBREVIVE EN LA MEMORIA DE LOS AMIGOS" y de los amores platónicos.


Yo no sé si morir o bajarme la cremallera.


Creo que morir no es la mejor opción.


Muchas veces he quedado sorprendido cuando veo el Oscar y gana el actor, el director, el corto o la película que me gusta y me mueve los esfínteres... pero en esta entrega la cosa se volvió excitante y conmovedora. Christoph Waltz se introdujo en mi vida con su leve matización y la fantástica creación de su personaje. Hizo enamorarme de su intención y enajenamiento, quedando cualquier cosa en la más mínima vehemencia sin sentido. Él ha pasado a ser símbolo de admiración actoral y lo felicito con ímpetu. Ando tan tocado por su inverosímil arte, que anoté su fecha de cumpleaños en mi cel. Espero verte en Freud. Ahí si moriré en la butaca. #CreoQueEstoyEnamorado

Esto no es Dandismo, esto es Dantismo


Hay muchas cosas en la vida a la que tengo que arrepentirme por no vislumbrarlas, por no olfatearlas, por no tocarlas, pero ésta es la más, sencillamente, maquiavélica que he visto, palpado y olfateado... Y cuando digo "maquiavélica" no me refiero a lo horroroso en su máximo aposento. ¡Oh, my lord! ¡Qué dantesco! ¡Demasiado Post Punk! Demasiado ¡Surrealismo Mágico! ¡Esto es Patafísica! Esto es Dada...! Me aglutina los esfínteres!

Ours Kiss!


A veces suena paradójico la cantidad de veces que una persona enumera la importe de besos o “tuzas “que se ha dado con cualquier mundano. Sin embargo, son contados los momentos que esos besos que se dan, esos mundanos, han llegado a ser una apacible sensación de sabor, color y alucinación. Lo que voy a contar a continuación es la fase de un beso que se dieron dos teenagers convencionales que jugaban a quererse y terminaron sucumbidos en un túnel sin salida por controversiales roces de lips y contorneos de lenguas.

Gracias a la globalización las personas pueden tener un enlace directo con personas especiales y otras no muy especiales. Pero me referiré en este caso a la primera opción, porque así sucedió y así seguirá sucediendo. Al menos hasta el momento que la gente tenga como ícono cultural a Las Chicas del Can o crean que Osmel Sousa salvó a Venezuela de una desintegración internacional gracias a la “belleza universal”. Pero esto es harina de otro costal. Sí: “harina de otro costal”, sonará cliché, pero me ladilla esforzarme para buscar el adjetivo calificativo junto a un sinónimo vanguardista y un verbo transitivo, para formar una oración que destruya tan dantesca presencia. (Me encanta desviarme de los temas cuando escribo)

Primera fase:
Cuando los teenagers, hombres en este caso, se conocen, entablan la relación más elitista y pintoresca que se haya visto en días. Convierten sus fantasías en mentiras tan creíbles como lo es la acción de decir las cosas como son. Son pocas los momentos e instantes que ellos halagan una acción del otro, porque se sesgan a su propio ego como perrarina alimentando cerebro. Toda la parafernalia termina por encontrarse en un punto en específico y verse los rostros. - Las cámaras engañan - . Llega la hora del encuentro deseado. Se dan el primer vistazo, se observan hasta el más crepuscular de los detalles, ostentan sensaciones de mal estado, pero es lo que menos preocupa en este momento. La alegría que se había tenido en la pequeña venta de MSN o Skype, en su defecto, ha adoptado la sensación de comodidad y ponen pauta en el asunto que ya se había tenido algo como incertidumbre en la última conversación por la web: el primer beso de la cita. Al menos connotativamente uno de los dos sabía lo que sucedería con tan apetitoso banquete. Repito: Beso!

Me parece muy elemental explicar a cabalidad los detalles más engorrosos de la cita. Me ubicaré mejor en el contacto labio con labio. Las otras cosas: palabras de “te quiero” y sonrisas de conmoción, pueden pasar a ser parte de la mentira que se han venido preparando.

El primer contacto fue cómico. Parecían geek tratando besarse con desenfrenada rapidez. Un beso de pico vino a resaltar en tan fragante relación. El beso duro microsegundos. Se vieron a los ojos y unieron pestanas con pestanas. Cerraron los ojos otra vez y se dieron otro pico. El labio de unos de los participantes hizo el intento de moverse, pero por nervios nunca sucedió. La contra – parte se procuró, eventualmente, cuando de ese error se intento enmendar, tratando de repetir la acción. - Eso fue un nuevo intento fallido - . Lo más impresionante de esta primera fase, fue los principales movimientos telúricos introspectivo que tuvieron los dos individuos y un track de Jamiroquai que sonaba de fondo que hizo gala de sus beat para incitarlos a tal hermoso acto.

Segunda fase:

Luego de la primera fase ya se tenían más confianzas y tocaban sus cuellos con los labios y las puntas de sus narices olían el Swiss Army que llevan como esencia. Pero el escenario ya se hacía visible para la gente que lo observabas como si alguien estuviera desnudándose en el Bulevar de Sabana Grande y creyéndose “Baby, Baby…” o como si Paloma San Basilio ofreciera un concierto en @v0yage – Algunas personas creen que dos identidades del mismo bando no puedan cohesionarse como identidades de diferentes bandos – Es tan impresionante esa reacción que hasta los propios “idénticos” se jactan de burlarse de esa co-reacción convencional. Bien convencional. (Felipe, no te desvíes y maldice luego)

La mano de uno de los teenagers ya toca el dorso inferíor de su participante. Ellos ya ni le paran a la mundanidad. También se jactan de caer en tentaciones y dejan todo pasar a la ligera. Ya el escenario no era unas escaleras por los Palos Grandes, sino el asiento trasero de un taxi que se dirigía a La Florida por La Cotamil. La primera extensión de mano la hizo uno de ellos. Rodeó su brazo por el cuello del otro mientras que cerraba los ojos más rápido que el otro. Ya en esta fase participa la lengua. No se tocan. Sólo está la conexión con el brazo y el codo que interfiere con el acercamiento.
Sus falos en plena levantamiento eréctil y el conductor que veía por el retrovisor era lo que menos importaba en ese momento. El movimiento de lengua y labios era lento. Llevaban un ritmo: Gun’s Roses de fondo. Uno de ellos imaginaba en el futuro, otro imaginaba que sus movimientos telúricos se incrementaban más y más. Ya no eran huéspedes indeseados para el taxista. Él le subía el volumen a la pista de Gun’s Roses para no escuchar los chasquidos y ellos se separan con una sonrisa en la cara cada uno. Se preguntan mutuamente, al unísono: “te gustó?” Vuelven a reír, pues la preguntaba ya estaba contestada y se olvidó lo del cuestionamiento mutuo sin ninguna pretensión de preparamiento. (Ya basta de leerse las mentes)

Tercera fase:
Las posiciones han cambiado, ya el taxi irrumpe a la cercanía de uno de los hogares de los personajes y adoptaron posición de abrazo y roce. Roce entre falos, roce entre cuellos, roce entre pecho y espalda y roce entre dedos. Y, ellos, los dedos, fueron los que prendieron otra vez el fogón y esta vez fue la decisiva. Ya las manos agarraban sus rostros y sentían el vello facial de cada uno, mientras que como una flemática presencia, los alientos de los dos se fueron oliendo y se sentía el calor de sus labios. Salivaban cual perro. Ellos mismos se dieron cuenta que extrañaban esos labios que por mínimo 5 min. dejaron de besarse por circunstancias dadas.

El movimiento de los labios y la fricción era más intensa. Ahora era el combate del quien dominaba más. Un ratico uno, un ratico otro, pero lo hacían con frecuencia. Se separan y observaron que los labios estaban rojos de intensidad y decidieron proseguir con farsa, periplo o tragedia. Cualquier vaina. Pero para ellos era el momento menos mitómano de todos en sus vidas. Ahora se quieren y se espera que se amen. Al menos hasta que la lejanía lo permita.

Fuck, ahora por eso me dieron ganas de besarte.

Bésame, soy Felipe.









Corazón de Cenicero


Las relaciones amorosas, aparte de ser tormentosas, suelen ser el andante de la sonata que todos queremos tocar. El 20 de diciembre de 2009, D., quiso intentar su apogeo de amor musical intentando persuadir a su presa con un cautivante regalo de compromiso y aceptación para la reconciliación. Y con la palabra "presa" me refiero directamente a A. que, por simple caprichoso, obedece a la simplicidad vulnerable de un antagonista sin progresión alguna.

Todo comienza con un invitación clandestina en el despacho de un camerino con olor a orine - detestable olor -. Él, D., intenta atravesar su mente con un tono de voz apacible, haciendose vil y cabizbajo su intento fallido de hablar con repercusión a sus ideales. Yo escuchaba desde lejos ese espectáculo digno de desesperación, pero ya este concierto orquestal con instrumentos sonando a granel tenía que comenzar. La invitación fue aceptada. La concentración de dos fantasmas sin rumbo se iba a dar cita en un hotelito de la capital que tiende a ser transitado por muchos mundanos en busca de la líbido convencional. D. se armaba, - no de valor... - de herramientas de la calle. Planifica su "macumba", preparándose para la guerra amorosa que tendría que darse a como diera lugar. Ya el invitado había aceptado la reunión. D. hace lo imposible para buscar la manera de alejarse de mi; quiere estar sólo por esta noche y me despacha temprano para pensar con ligereza y deshacerse de lo que más le molesta por intimidad personal. (En este momento salgo del espectáculo que se dará lugar en El Madrid y no necesariamente en la capital española)

Con felicidad en las venas, D., da pasos rápidos por las calles de Chacaito y aborda a El Madrid como cualquier persona podría abordar un ideal incoherente. No le interesa problemas sociales y mucho menos culturales. Él se jacta de la idea de estar haciendo todo bien buscando la utopía más acérrima para apegarse a la circunstancia dada ejecuta en ese momento: "quiero estar contigo, sólo contigo".

Habitación número 18, piso 4. Así dice el manojo de llaves que lleva en su mano. El pasillo del hotel es angosto y largo. El olor a látex entre las habitaciones es imposible dejar de captarlo. A él no le interesa tan jocosa trivialidad, sólo escucha a su cerebro y abre la puerta de su habitación tan rápido como deja las rosas en la cama y prende las velas. - ¡Qué difícil es no ser injusto por unos mismo! - Eso lo que debería estar pensado D., lo que todos deben pensar al momento de hacer lo en este momento que, eventualmente, se trae a turbaciones. Así lo cree D. y se hace la idea que su amado A. lo cree también así. Ellos han estado inclinado con frecuencia sobre aquel pasado un poco pueril y tan triste que disfrutan recordando sus pensamientos y sensaciones más íntimas que a sus propios sueños.

El tiempo se hace chiquito y ya la habitación está preparada. Habían quedado en que A. llegaría más tarde y se encontraría con la tramoya. Para él eso es predecible. Contrasta la manera de no imaginarse que se encontrará allá y piensa en cualquier significado inquietante que pudiera escaparse. Ya D. se encuentra listo y sopla sus dedos pensando en las palabras más significativas, mientras piensa en un discurso persuasivo como ya lo había hecho antes sin ganar el inútil combate. Para él, este momento marcaría la historia de esa sonata de amor a la que quiere someterse. Se acuesta en la cama mientras se hace roce con las almohadas y espera la llegada del huésped deseado.

Sólo han pasado 20 minutos luego de su roce con las almohadas y piensa hasta el más mínimo detalle; entre ellos: el gire de manivela de la puerta mientras aparece la luz del pasillo y las pulsaciones de su corazón en aceleración, apuntándose los nanosegundos en el relog y la entrada imaginaria de A. a la habitación. Ya no se piensa en nanosegundos, sino en largos minutos sin la respuesta de su antagonista y el declive del pensamiento del movimiento de la manivela se va perdiendo poco a poco. Ya las horas se hacen millenium y los segundos décadas. El tiempo pasa tan rápido como su esperanza baja de nivel. Ahora se entra a la etapa de la desesperación. Las uñas se aferran a las sábanas de la cama color marfil y el espejo de al frente representa la venta para el escape. D., viéndose con su propio D., en un espejo sin objeto y sin sentido, es como vislumbrar el más débil esfuerzo de comprometerse en medio de caos y olor a látex.

La no llegada de A. no era predecible. D. se hace la idea de que no se sabe la dirección o que ocurrió un accidente en el transporte urbano. Esos accidentes que nosotros anhelamos que suceda cuando estamos hartos de pararnos tempranos y adentrarnos a la rutina de siempre. Pero es mentira. La no llegada de A. se debe al no consentimiento mutuo de ideas, al no entender que los problemas más viles no se arreglan en la cama de un hotel insignificante e incidental que fluctúa sin condición a la ciertas momentos o maneras de nuestra existencia en que somos, de manera inexplicable, lo que llegaremos a ser más tarde.

A. nunca llegó...

Y D. sigue esperando en El Madrid haciéndose la idea que los recuerdos, jamás pudieran ser recuerdos de amor.

Esto es para ti D. (Ernesto), porque me enseñaste a combatir contra insalubridad con tus experiencias. (Soy un experto sin experiencia) Te adoro.







Designers

Extrapolarse, venirse en abúlico, aguarse el tuétano y escuchar 3 días Cher hasta que te salgan plumas al dorso, te hacen hacer estas cosas. ENJOY!












¡Para Papá..!


22 años de Bagatela y piadosa mentira

Esta epístola, padre mío, será muy larga. He analizado con detenida consistencia el temor que me daba la llegada de este momento: el satírico momento de quitar la máscara, de expresar todo el pensamiento restringido que me tenía desde hace ya un mínimo tiempo y que, por tan asquerosa lástima me ha tocado prorrumpirlo. Lo digo escrito, porque escribir es una elección perpetua entre mil expresiones de la que ninguna me satisface y, sobre todo, no me satisface sin las demás. (…)

Ya habrás notado que no vale la pena recalcarte mi idea de vida que he elegido como ser humano, porque ni llegas a concluir el nivel pragmático a los que todos los seres humanos están sucumbidos en infortunios variantes. Pero no nos preocuparemos por ese agente externo, hablemos del motivo de mi silencio, porque, si no lo has notado, el silencio es agresividad. Ignoro por completo actitudes advertidas a cuesta tuya, porque supongo que te aferras a renegar mi estilo de vida y lo has tratado, reiterativamente, de transformarlo y de que sea de un contexto básico. Con esto insisto que, los traumas que me acontecen, no encontraran una salida a la vida tan trivial a la que quieres someterme. Es una decisión irrefutable. Ya tomada desde ya hace mucho tiempo y que tú ni mi madre pudieron entender. Y es simplemente de ti a que me refiero en este momento. Ya mi madre sufre aferrada a una silla sin capacidad de solución por falta de gestión. Pero no te echo la culpa, porque no presencié ese momento y, para ser más objetivo, ni me interesa lo que haya ocurrido. Fue tú decisión. Quizás andabas equivocado, pero no tenías a Felipe Rotjes cerca para analizar tú peligroso encanto de la ociosidad, porque lo disfrutaste con vehemencia. Entiendo que no entiendes a lo que me refiero, pero esta carta no está escrita para destrucciones solapadas: está escrito para enfrentarme, porque no soy como Juán Carlos que ostentó rabia y se te fue de las manos y sin un reparo responsable, no trataste de controlarlo ni controlarte por trivialidad y razonamientos válidos, sino que indemnizaste un descontrolado enfrentamiento que se convirtió en un inútil combate: hasta de muerte hablaste. Qué horror! Pero el trastornado se lo dices a otro. El que con desencanto ignora tus excusas de buena vida y amedrentaste con verborreas inelocuentes, porque son inelocuentes. Pero eso es lo que menos me preocupa.

Las amenazas ya llegaron a rebosar y subjetivamente tomaste la decisión. Deshacerse de lo que te preocupa y te molesta. Quiero ser la molestia más mitigada de tus preocupaciones. No quiero vivir en un hotel, comer en restaurantes y utilizarlos como servicio, porque no es mi interés. Entonces… como nunca entendieron (hablo en general), apoyo tú moción y este huésped huye. Porque siempre lo hace. Ya había ocurrido anteriormente. Me restringía de no hacerlo por miedo a que el periplo diera su vuelta más peripesca y transcendiera al mayor inconveniente. Pero se escapó de mis manos. La misma historia se repite en esta farsa de vida condicionada. No quiero y no querré nunca ser parte del elenco de actores de tú farsa. Todos viven una mentira acaecida de rastros insospechados. Cada unos representa un personaje, no lo grado, obvio, de una novela sin verdad y sin firmamento. Se estrujan entre palabras no adecuadas para adaptarse a la farsa: porque no escapan de ella. Es más la mitomanía de un mundano natural que la de un mundano irracional. Y no con esto no me considero un mundano irracional en un mundo racional. Los mundanos irracionales comentan entre sí la arbitrariedad que se le puede aplicar a un colectivo, yo comento la convergencia transcendental que se le puede aplicar al colectivo. Pero no consideraré esto de importancia, porque sale de tema, pero es una estocada caprichosa del común de mis sentidos. Pero yo estoy “loco y trastornado” por no comunicarme y me rajan el cuero progresivamente con vagos comentarios: que si la banalidad, que si va por mal camino, que si las drogas, que si la aberración sodomita, que si la irreverencia sin sentido, que si la vestimenta inapropiada, que si no aprende a familiarizarse… - eso, familiarizarse! Que sin sentido esa palabra en mi vida y en mis días… - prosigo: que si el adulterio, que si el pelo, que si la flojera, que si los lentes, que si mi firmamento, que si mi verdad… Qué absurdo. No entienden, no entiendes!

Pero a eso le presto la menor de las importancias, porque no me interesa ni tú objeción, ni la tuya, ni la tuya, ni la tuya, ni la tuya, ni la tuya, ni la tuya… y muchas más “tuyas” para los que deleiten leyendo esta protesta. Pero mucho menos la tuya por ser el hacedor de inspiración para escribir esta epístola maldita, porque desvarío y disgrego en advertencias indeseadas y mientras tanto tú, como ser humano común, andas en la ruin búsqueda del análisis de tú ego. Que bajo. Un combatiente y tener miedo. Y no me refiero al miedo convencional, me refiero al miedo controversial el que nadie dice por miedo al miedo. Incluyéndome.

Con esta carta no pretendo sacar “los trapitos al sol” de tus errores, de sus errores, sólo expreso la decisión menos adecuada, pero que decidí siendo esta adulada. No obstante, el solipsismo de mi patología es lo que más te molesta. Dices que estoy loco, pero tú mismo no te has tomado la manera de preocuparte o, de alguna manera, investigar si la locura es o no la inteligencia más alta. Quizás con lo antes expuesto te hundas en experticias y des una respuesta apropiada a tan banal carta.

Me voy sin ayuda y con preocupación, porque la preocupación es lo que me preocupa… (Tengo derecho a redundar) Me preocupa que me preocupe la preocupación, porque mi mente no razonará si ese elemento comulga en preocupaciones en demasía. Sólo pedía una ayuda. En qué fallé? No, no respondas eso. Quizás en no advertir antes que esto pasaría o porque navego en un mundo distinto. Esa es la respuesta. Un mundo con sueños; sueños dentro de un sueños y yo he sido feliz, aunque en sueños. Ya ni me merezco seguir escribiendo, porque deseo la inconsciencia total. No me interesa que pueda pasar con esta carta. Total. Ni así podrás cambiar los 57 años que vives sin consideración.

Feliz vida.