Abadía de Thémele.


Vuestros abusos malignos llenaría nuestros campos.
No entreís aquí, hipócrita, meapilas, viejos fanáticos y magotos hinchados.
Cuellos torcidos. Más tontos que los godos y ostrogodos.
Precursores de gigantes bambollados.
Miserables, beatos. Cucarachas con pantunflas taconudas.
bellacos envueltos entre pieles y monjes pervertidos y encarnecidos.
Inflados y provocadores.
Grotescos. Largaos a otra parte a vender vuestros abusos redentores.

Mañana cuando despierte no sabré que día es, ni que hora es, ni en que maldito lugar me encuentro.

Muchas cosas dependen por entero de tí: la sinceridad, la dignidad, la resistencia al dolor, el rechazo de los placeres, la aceptación, del destino, la posibilidad de vivir poco; la benevolencia, la libertad, la sencillez, la seriedad, la magnanimidad. Observa cuantas cosas puedes ya conseguir sin pretexto de incapacidad natural o ineptitud y, por desgracia, permaneces por debajo de tus posibilidades voluntariamente. ¿Es que te ves obligado a murmurar, a ser avaro, a adular, a culpar a tu cuerpo, a darle gusto y a someter a tu alma a tanta agitación, porque estás defectuosamente constituido?
¡No, por los dioses! ¡Hace tiempo que podías haberte apartado de esos defectos.

1 comentarios:

Rosana Mottola O. dijo...

¿Qué es Thémele? O, ¿dónde queda Thémele?

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